Por Pedro Pablo Jijón Ochoa (°)

Vainas y semillas de algarrobo

Gran oportunidad tiene el sector agropecuario del Ecuador con el desarrollo de la siembra comercial de la especie Prosopis Pallida -mejor conocida como algarrobo- y la explotación de sus subproductos, como sistema agroindustrial para mejorar la economía del pequeño y mediano productor.

Una de  mis experiencias como productor agropecuario ha sido asesorando la implantación de cultivos forestales con fines comerciales en el Ecuador. Específicamente, con el algarrobo en la provincia de Santa Elena, cuyo duro ambiente -carente de agua, diversidad de suelos en desarrollo, gran luminosidad- presentan un reto para el desarrollo de cualquier actividad forestal.

El algarrobo es una especie que se desarrolla preferentemente en países como Colombia, Ecuador y Perú. Es un árbol rustico que puede alcanzar alturas de ente 8 a 20 metros; puede prosperar en zonas secas con precipitaciones bajas (500 mm anuales, en promedio).

La belleza estética del algarrobo, el duramen, el desarrollo volumétrico, y todos los beneficios que se obtienen de él, lo hacen una especie forestal atractiva para el desarrollo agroindustrial.

El duramen del algarrobo es apreciable para sistemas constructivos; además, como leña, es de uso conocido para la cocina criolla, ya que demora en consumirse y produce un agradable olor a los alimentos que se asan con él, como son las carnes. De las ramas y de los sobrantes de los raleos se fabrica de manera artesanal carbón de excelente calidad.

El fruto del algarrobo es una vaina rica en azúcares, proteínas y minerales como calcio, hierro y fósforo, por lo que se usó en alimentación humana y ahora es muy usado como forraje. También se extrae una miel espesa de color obscura y de sabor agradable, la algarrobina, usada en pastelería y coctelería. Ingerida de manera directa es un excelente energizante natural; las semillas tienen aplicación medicinal por sus cualidades antiinflamatorias y antibióticas.

Este árbol tiene la particularidad de fijar nitrógeno natural al suelo y sus hojas aportan con materia orgánica, por lo que se lo puede usar para reforestar y restaurar zonas erosionadas; sus raíces profundas sirven para sostener taludes y sugeriría ser sembrado junto a esteros, para evitar la erosión hídrica de sus cuencas. Por su belleza y frondosidad puede usarse como captador de CO2 en las ciudades y así cumplir con el Índice Verde Urbano (IVU).

Existe un buen ejemplo de agroindustria asociativa, Microempresa Don Alejo, en la localidad Sandial del Cantón Jipijapa, provincia de Manabí, en donde fabrican algarrobina, caramelos y café, todo a partir del algarrobo; ejemplo digno de seguir por otras organizaciones.

Es importante reconocer la labor de la Subsecretaría de Producción Forestal, que durante la administración del Ing. Pablo Noboa creó el Programa de Incentivo Forestal y se lo elevó a ley; se automatizó, se eliminó la tramitología, se logró certificado de calidad ISO 9000. Desde entonces la producción forestal empezó una nueva era en el Ecuador.

Los productores, hagamos conciencia de implantar un bosque de algarrobo -minino el 10 % del total de hectáreas del predio- y linderar, defender taludes y cuencas de ríos y esteros con esta especie. Y que Instituciones como la Subsecretaría de Producción Forestal cree un área para industrializar y comercializar las cosechas de estos bosques comerciales.

(°) Ingeniero comercial y director ejecutivo de ASESORAP (Asesoría a Organizaciones Agrícolas Productivas): asesorapecuador@gmail.com.
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