Esclavitud moderna

Esta obra de arte pertenece a la inspiración de la pintora María Cristina Caffa.

Por Pedro Pablo Jijón Ochoa*

Empezando el mes de enero junto a mis buenos amigos y “compas” (contracción de compadres) de luchas agropecuarias, don Salim Montenegro y don Voltaire Navarrete, nos reunimos temprano una mañana de sábado en la Hacienda Voluntad de Dios. Ensillamos tres buenos potros andadores, suaves a la silla, con brío y orgullo al caminar, con el fierro de mi compa Salim Montenegro. Nos acompaña en el camino el olor a tierra húmeda, el olor a sudor picante de los caballos y la fragancia de los corrales; encaminados por derechura (camino recto) hasta la Hacienda América Teresa donde nos esperaba otro señor y amigo, don Douglas Herrera, para invitarnos a un típico desayuno montuvio y analizar la situación del agro.

Escuchaba con atención el análisis que hacían mis compañeros, sobre el precio de los productos agrícolas en los centros de producción, sobre los costos de producción, la especulación que ejercen los intermediarios, la crisis del campo por falta de un adecuado plan de comercialización… y vibraba en mi mente que la historia se repite, solo cambian los escenarios y los tiempos; que los productores agropecuarios estamos sometidos a esclavitud moderna.

LAS civilizaciones egipcia, griega y romana pudieron alcanzar tal grado de desarrollo político, financiero y cultural gracias al trabajo impago de esclavos. En la conquista del Nuevo Mundo se necesitó explotar grandes cantidades de azúcar, tabaco y café para proveer a Europa, por lo que los conquistadores -tanto ingleses, españoles y portugueses- se apropiaron de grandes cantidades de tierras para sembrar estos productos y se desató una de las movilidades humanas más grandes de la historia, al introducir esclavos africanos para sembrar estas nuevas tierras; volviéndose un negocio rentable al no tener el costo de mano de obra. Recordemos también la historia de esclavitud de los EE.UU., en el siglo diecinueve, donde los estados del sur alcanzaron poder financiero gracias a la producción del algodón con la mano de obra de esclavos africanos.

Hoy en Hispanoamérica y Ecuador la historia de esclavitud se repite. Los habitantes de las ciudades necesitan diariamente grandes cantidades de alimentos, por lo que se necesitan grandes extensiones de tierra, grandes volúmenes de agua, insumos, equipos, asesoría, mano de obra; costos que asumen los productores en su totalidad y que constituyen su activo. Pero al levantar sus cosechas se encuentran con la letal intermediación y la industria oportunista, que con la falacia de que pagan el precio de mercado -que siempre es bajo- hacen que el productor agropecuario haya trabajado para que el resto de la cadena se enriquezca y él no reciba el justo pago por su trabajo, ni el pago por la inversión de sus activos.

Considero, las organizaciones agropecuarias deben caminar hacia la visión de la agregación de valor de sus productos, desarrollar planes de comercialización, utilizar la tecnología de redes sociales para la búsqueda de mercados, para así levantar la economía campesina y liberarnos de las cadenas del sistema desigual y cruel al que está sometido; lograr la verdadera libertad productiva y financiera que el sector necesita.

* Ingeniero comercial y director ejecutivo de ASESORAP (Asesoría a Organizaciones Agrícolas Productivas): asesorapecuador@gmail.com. Guayaquil, Ecuador.
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