Opiniones

Un libro formidable

El editorialista Víctor Arias comenta la reciente obra literaria, Inspiraciones, de Melvyn Herrera Castro, quien ha encontrado, en el crepúsculo de su vasta y prominente andadura empresarial, la indudable vocación por las letras y el encanto de la composición poética que lo inquietaban.

Víctor Arias Aroca*

Víctor Arias Aroca.

Hoy recibí un libro formidable. Apenas he empezado a revisarlo y me impresionan los poemas Alfarada, Mantamor, te llamo, Lejana y Lluvia. El cuento Arnaldo, desde luego, sensacional descripción de una metamorfosis, en la que el personaje de buena armadura moral termina convertido en gandul.

Libro de lectura ágil y agradable. Combinación de verso y prosa, audacia literaria que pocos cultivan y que indica la perspicacia lingüística del autor y el dominio estético y semántico que solo crece en los campos del conocimiento y la experiencia.

El man vino hasta mi casa para el intercambio con mi texto de historia. Un manteño a rajatabla, que vino del manso Guayas, fácilmente nos da clases de manteñidad, ahora que las querencias parecen haber marchado hacia el olvido.

Bueno, lo cierto es que vino para quedarse; y, en la egregia autobiografía, que con el título de Novelero -que es nada menos el epílogo de la obra- pone en evidencia una vida de idealista, en que el hombre se puso a enamorar a las estrellas y los sueños.

No sé si fue correspondido. No sé si fue comprendido. Pero si sé que forma parte del desarrollo indetenible de Manta. Llegó a producir tiernas canciones para la ciudad que ama; ahí sí, ya convertido en músico, poeta y loco. Sabia locura de aquellos a quienes les incomoda lo mediocre.

De sus muchas empresas y novelerías, como el man las llama, quedan muchos manteños que adquirieron trabajo y esa decisión propia de un guerrero de la luz, de asirse a la vida prendido de su sueño.

Ese man se llama Melvyn Herrera, personaje propio para escribir un libro, una especie de Melquiades ilustrado, que llegó para no irse nunca, igual que los visitantes que vinieron del mar. Por aquí anduvo Pizarro hace 500 años, Bartolomé Ruiz y los locos de la misión geodésica francesa el siglo XVIII, que cumplieron la locura de hacer conocer al Ecuador.

Ese es, un poco, Melvyn Herrera, a quien aprendimos a admirar hace mucho tiempo, antes de que se fuera lejos David Ramírez y antes de que Ricardo se quedara dormido en la Fuente del mismo mar que lo trajo, y antes que el mundo se volviera loco para siempre.


* Víctor Arias Aroca (Manta, Ecuador) es abogado de profesión y entrevistador para el noticiario estelar de Televisión Manabita.

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