Escrito por: Pedro Pablo Jijón O. * / Guayaquil / 12-12-2021

Las actividades gremiales, sociales y agropecuarias son muy dinámicas, como es dinámico el idioma castellano en voz del hombre de campo. Esa dinámica me lleva constantemente a visitar muchos lugares y conocer gente interesante.

Cada vez que yo cruzo la frontera norte de la provincia del Guayas (Ecuador), adornada por un arco con alegorías que representan las actividades económicas de la provincia de Manabí, y a su máximo líder político y revolucionario, dos veces presidente de la República del Ecuador, Don Eloy Alfaro Delgado (Montecristi, junio de 1842 – Quito, enero de 1912), cuyo recuerdo vive en el alma del Pueblo Montubio; comprendo que ese arco marca fuertemente la entrada a la magia de una tierra revolucionaria, emprendedora, sincera y honesta.

La ruta, bordeada por el agreste bosque seco, me anima hacer un alto en la población de Sancán para degustar las tortillas de maíz, continuando luego hacia el encantador valle del Río Portoviejo hasta alcanzar la urbe de Rocafuerte, ciudad con una hermosa iglesia de torres blancas, y famosa por la gran variedad de dulces que tradicionalmente allí se preparan.

Al llegar a la reunión, saludo con sombrero en alto a los presentes. Rápidamente responde, de manera pícara y elegante, una niña:

– «Hola, soy Evelyn Patricia, de la ciudad blanca de los campanarios, tierra de mujeres lindas, y de los dulces más ricos del Ecuador».

– «Mucho gusto, Pedro Pablo Jijón», respondo.

Ya en la reunión, en la propiedad de don Luis Briones, se centra la conversación en temas álgidos. Junto a doña Ninfa Zárate, don Silvio Cedeño, el líder montubio Ing. Joffre Mendoza explica sobre el estado del sector agropecuario nacional. El Ing. Mendoza, pintorescamente como buen manabita, en su alocución convierte un sujeto en verbo en todas sus formas: campesino, “campesinar”, “descampesinando”.

Concuerdo que nuestro país se está «descampesinando», que todo se encamina a desaparecer al sector agropecuario, por falta de sensibilidad de las autoridades hacia la ruralidad.

Por citar: la edad promedio en el campo está en setenta años; dentro de veinte años no tendremos agricultores. Los jóvenes desean salir del campo a buscar otras fuentes de empleo; no ven oportunidades por los bajos precios de cosechas, altos costos de insumos sin control, cosechas pagadas muy por debajo del costo de producción que desmotivan al sector. Sin planes de absorción de excedentes de cosechas, ni plan nacional de comercialización; banca con políticas no acordes a la actividad agrícola; falsos dirigentes, oportunistas, que operan con engaños u extorsión, aupados por las autoridades.

Podemos implementar soluciones, como importación directa de insumos agropecuarios para distribuir a costos razonables entre los productores; así si se aplicaría de manera adecuada la ley de oferta-demanda en este rubro y controlaría el monopolio de las transnacionales importadoras. Absorción y comercialización de las cosechas con otros sectores del país, para así controlar la intermediación. Agregación de valor e industrialización de las cosechas, para que el productor tenga otra opción de venta y sana competencia de la industria.

Debemos ser proponentes de soluciones para evitar esta «descampesinación», como dijera Ing. Joffre Mendoza, y salvar nuestra cultura montubia, la agroexportación, la agroindustria asociativa, que son los rubros no petroleros que sostienen la economía del país.

* Pedro Pablo Jijón Ochoa reside en Guayaquil (Ecuador), es ingeniero comercial y director ejecutivo de ASESORAP (Asesoría a Organizaciones Agrícolas Productivas): asesorapecuador@gmail.com