Más de 40 expertos de 8 países compartieron investigaciones, conocimientos y prácticas para combatir la desnutrición crónica infantil, en el marco del foro “Los primeros 1.000 días”.
Este contenido es parte de REVISTA DE MANABÍ
La Desnutrición Crónica Infantil (DCI) -uno de los principales problemas de salud pública que enfrenta el Ecuador- fue el eje de 3 jornadas de discusión y aprendizaje, en las que más de 40 expertos de 8 países compartieron investigaciones recientes, prácticas innovadoras en territorio y experiencias sobre construcción de políticas públicas para combatir y prevenir la DCI, y mejorar la salud materno-infantil.
El foro académico internacional y jornadas de aprendizaje “Los primeros 1.000 días”, realizado en el mes de junio del presente año, dejó valiosas lecciones y las voluntades abiertas para consolidar sinergias de trabajo entre todos los actores participantes: delegados de los sectores público, privado, sociedad civil y academia.
La necesidad de consolidar la lucha contra la DCI como una política de Estado, garantizando un marco normativo adecuado que responda a la realidad actual, los nuevos contextos sociales y a una construcción producto de un Acuerdo Nacional, fue una de sus principales conclusiones.
El foro fue organizado por Fundación Promesa-IFI, Asociación Vivir y Diálogos Vitales, en alianza con la Secretaría Ecuador Crece Sin Desnutrición Infantil y la FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales); con la cooperación de organismos internacionales, como el Banco Mundial, Scaling Up Nutrition (Fomento de la Nutrición – ONU) y la CAF (Banco de Desarrollo de América Latina); y con el apoyo de más de una veintena de organizaciones de la sociedad civil, fundaciones y universidades.
La DCI en Ecuador
En la actualidad Ecuador ocupa el segundo lugar a nivel de Latinoamérica en presentar un elevado número de casos de DCI, con un porcentaje de casos que alcanza el 27,2 %. Esta situación constituye un grave problema a nivel social, político y económico para el país, y pone en riesgo las oportunidades y el futuro de niños y niñas del Ecuador. Esta problemática multicausal se origina por falta de alimentos adecuados, de agua segura, de controles médicos, de vacunas, de saneamiento e higiene.

En este contexto, el foro dejó en evidencia la importancia de trabajar a nivel local para contextualizar -cultural y territorialmente- las políticas públicas según cada realidad, como condición fundamental para lograr su implementación exitosa y que alcancen un verdadero impacto.
¿Por qué es relevante poner este tema en la conversación de los ecuatorianos?
Los expertos explicaron que los primeros 1.000 días de vida marcan el futuro de todo infante. Son cruciales para su desarrollo cognitivo, físico y emocional, y una ventana de oportunidad para potenciar sus capacidades intelectuales, emocionales, sociales y físicas. En el Ecuador, 1 de cada 3 niños menores de 2 años está perdiendo esa ventana de oportunidad, debido a la Desnutrición Crónica Infantil (DCI).
Esta condición tiene un impacto negativo a lo largo de la vida de las personas, pudiendo desencadenar problemas de aprendizaje en la edad escolar, sobrepeso, obesidad y enfermedades no transmisibles como hipertensión o diabetes en la vida adulta, al igual que dificultades para insertarse en la vida laboral:
27 mil estudiantes en el Ecuador repiten el año escolar por causas relacionadas con la DCI.
Las personas que desarrollaron DCI, perciben menos del 50 % de los ingresos en su vida adulta que las que no la padecieron.
Adicionalmente al grave perjuicio que ocasiona en la vida de las personas que la padecen, la DCI tiene un impacto altamente negativo en el desarrollo económico y social de un país. De acuerdo a un estudio de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina, organismo de la ONU), en Ecuador los gastos asociados a la malnutrición —como salud, educación y pérdida de productividad— representan el 4,3 % del Producto Interno Bruto (PIB).
Ante esta situación, los expertos en el tema coinciden en que es indispensable la consolidación de la lucha contra la DCI, como una política pública anclada en un marco normativo adecuado.
Sobre los primeros 1.000 días de vida

Los primeros 1.000 días de vida se consideran desde la etapa de embarazo hasta los primeros dos años de vida. Si el infante no recibe atención de salud oportuna y de buena calidad (nutrientes, vacunas, controles), no tiene acceso a agua segura y saneamiento, sufre de negligencia y mal trato en el hogar, y/o existen carencias de alimentación saludable, pueden ocurrir daños irreparables, difíciles de revertir en su desarrollo.
Dentro de los primeros 1.000 días se potencian todas las capacidades intelectuales, emocionales, sociales y físicas del ser humano. La salud materna es el primer paso para asegurar el desarrollo óptimo del bebé en gestación; la madre debe acudir a los controles prenatales, tener acceso y tomar micronutrientes y vitaminas durante el embarazo, mantener un ambiente estable y sin violencia en su hogar y prepararse mental y físicamente para recibir al bebé. La promoción de la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses previene considerablemente que los niños caigan en niveles de desnutrición crónica infantil.
La vacunación es el siguiente escudo protector para niños y niñas. Como parte de los mecanismos para mejorar la calidad de vida de los seres humanos, es necesario cumplir el esquema de vacunación dentro de los primeros 1.000 días. Cumplir con el proceso de inmunización reduce las enfermedades infantiles y la mortalidad (Entre 2 y 3 millones de muertes infantiles se previenen cada año con la vacunación).
El acceso de los Controles del Niño Sano mensuales en los primeros años de vida de los niños y niñas, permite identificar problemas y enfermedades que pueden afectar el curso normal del desarrollo infantil, al igual que evaluar el desarrollo nutricional y la necesidad de alimentación complementaria. Se recomienda mínimo seis controles en el primer año y mínimo cuatro controles en el segundo año de vida.
El entorno familiar y social de niñas y niños es otro de los factores que garantizan su desarrollo e integridad; los vínculos interpersonales y la seguridad emocional que se construyen en esta etapa -entre madre, padre o cuidadores y el niño/niña- marca la diferencia y potencia su futuro, confianza y seguridad.
La evidencia científica acumulada muestra que los primeros 1.000 días son cruciales para alcanzar el mejor desarrollo y salud a largo plazo, y constituyen un periodo estratégico en términos de prevención y salud pública.
AGENCIA INFORMATIVA: Keyword (Quito, Ecuador), mediante boletín e infografías con firma de Alejandra Jácome.
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