Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), más de 20 millones de personas en el mundo se dedican al reciclaje de base (recogen de lugares públicos y clasifican la basura que puede reaprovecharse), muchas veces en condiciones precarias, sin acceso a seguridad social ni reconocimiento formal.

Estos trabajadores cumplen un rol silencioso, pero vital: evitar que toneladas de residuos terminen contaminando ríos, mares y suelos, daño que amarga la existencia de cualquier ser viviente.

En Ecuador, de acuerdo con cifras de la Red Nacional de Recicladores del Ecuador (RENAREC), existen más de 20.000 personas, entre mujeres y hombres, dedicadas al reciclaje de base, pero solo el 8 % está asociado.

Gracias a su labor logran recuperar cerca de 90.000 toneladas de materiales reciclables cada año, evitando que terminen en los rellenos sanitarios o, peor aún, contaminando los ecosistemas naturales.

Fuente de sustento familiar

El reciclaje de base implica largas jornadas en calles, botaderos y rellenos sanitarios. Los recicladores clasifican manualmente los desechos, separando materiales aprovechables que luego venden a intermediarios.

Esta actividad también es una fuente de sustento para miles de familias en situación de vulnerabilidad.

Según RENAREC, la edad promedio de los recicladores es de 45 años en adelante y su ingreso mensual oscila entre los $218 y $188 dólares mensuales.

Reconocer valía de recolectores

A través de la iniciativa Galapagos Guardians, Ichthion (firma originaria del Reino Unido) ha generado alianzas con recicladores de base en Ecuador, con el propósito de dar visibilidad a su trabajo y fortalecer su gestión.

Estas colaboraciones buscan reconocer la labor que realizan diariamente y fortalecer su preparación para mejorar su capacidad de recolección y acceder a mejores condiciones laborales.

De esta manera, se construye un puente entre la innovación tecnológica y el trabajo comunitario, contribuyendo a una gestión más integral de los residuos.

Los recicladores de base cumplen un papel clave en la protección de nuestros ecosistemas, pero lamentablemente su trabajo no recibe la importancia ni el reconocimiento que merece. Sin ellos, toneladas de basura terminarían en la naturaleza.

En Ichthion creemos que es urgente visibilizar su aporte y trabajar para que su labor sea valorada y acompañada de condiciones más justas y dignas”, señaló Andrea Lema, gerente de Impacto para la organización Ichthion.

Voces desde el territorio

En una jornada de limpieza en el Río San Pedro, Juana Iza —recicladora desde hace más de cuatro décadas y vicepresidenta de la Red Nacional de Recicladores del Ecuador— comparte la realidad que enfrenta a diario.

Entre bolsas mezcladas con desechos orgánicos y materiales peligrosos, busca rescatar aquello que todavía puede ser reciclado.

Explica que gran parte de la ciudadanía aún desconoce cómo separar sus residuos en la fuente, lo que hace su labor más ardua y riesgosa.

A pesar del esfuerzo constante, del desgaste físico y de los ingresos que apenas alcanzan para cubrir lo básico, Juana afirma con orgullo que ama su trabajo y que ser recicladora es parte esencial de su vida y de su identidad.

Criterios de Juana

Los seres humanos somos los que estamos acabando con nuestro planeta, porque nosotros hacemos el sobre consumo, y como no sabemos reciclar, separar, nosotros todo ponemos en la basura y seguimos contaminando.

Actualmente, decirle a la ciudadanía que recicle, separe en la fuente, entregue a un reciclador de base, que (andamos) por todas las calles, por todas las ciudades.

Mejorar políticas públicas indispensables

La labor de los recicladores en Ecuador y en el mundo exige políticas públicas más inclusivas. La OIT y la Red Latinoamericana de Recicladores (RedLACRE) recomiendan que los gobiernos formalicen esta actividad, ofreciendo acceso a seguridad social, créditos productivos, capacitaciones y canales de comercialización más justos.

Si queremos avanzar hacia una economía circular real, no podemos seguir ignorando a quienes han hecho el trabajo duro por décadas. Es nuestra responsabilidad visibilizarlos y reconocerlos”, plantea Andrea Lema.

Los recicladores y las recicladoras de base son quienes aportan a mantener limpias las ciudades y contribuyen a proteger ríos y ecosistemas. Reconocer su labor representa un acto de justicia social y ambiental, una forma de enfrentar desafíos, como la contaminación global.

Se trata de un trabajo minimizado dentro de la correcta gestión de residuos, pero cuya contribución merece ser visibilizada y valorada.

FUENTE: Ichthion Ecuador, mediante boletín suscrito por María José Villena, jefa de Comunicación y Marketing para esa organización internacional. Tanto el boletín, cuanto la foto mostrada en esta información, llegaron a REVISTA DE MANABÍ a través de Dayana Medrano, ejecutiva de cuentas en Taktikee, agencia de comunicación corporativa.