Advertencias respecto a la Ley que la Asamblea Nacional de la República del Ecuador acaba de aprobar, imponiendo la educación financiera obligatoria en los tres niveles del sistema educativo nacional.

JORGE LUIS BOWEN LOOR*
La reciente aprobación, por parte de la Asamblea Nacional del Ecuador, de una ley que incorpora la educación financiera en escuelas, colegios y universidades, ha sido presentada como un avance significativo para el país.
En teoría, formar ciudadanos capaces de administrar sus recursos, evitar el sobreendeudamiento y tomar decisiones económicas responsables constituye un paso necesario hacia una sociedad más equilibrada.
Sin embargo, esta medida, aunque positiva en apariencia, puede convertirse en una peligrosa distracción si no se acompaña de una transformación estructural del sistema financiero ecuatoriano.
El problema no es la falta de educación, sino las condiciones económicas
El discurso oficial sugiere que los ciudadanos necesitan aprender a manejar mejor su dinero. Pero esta narrativa omite una realidad evidente: en Ecuador, millones de personas no llegan a fin de mes no por ignorancia financiera, sino porque sus ingresos no alcanzan frente al costo de vida.
En este contexto, la educación financiera corre el riesgo de convertirse en una herramienta que desplaza la responsabilidad hacia el individuo, mientras el sistema permanece intacto.
Cuando el crédito se convierte en mecanismo de supervivencia
Las tasas de interés, especialmente en créditos de consumo y microcréditos, continúan siendo elevadas. Aunque formalmente reguladas, en la práctica representan una carga significativa para los sectores más vulnerables.
Esto genera un fenómeno estructural:
- Familias que dependen del crédito para cubrir necesidades básicas
- Endeudamiento constante sin capacidad real de salida
- Un flujo permanente de recursos hacia bancos y cooperativas
No se trata de casos aislados, sino de un modelo donde la rentabilidad del sistema financiero se sostiene, en parte, sobre la necesidad de la población.
Un Estado con herramientas limitadas, pero no inexistentes
El Banco Central del Ecuador, dentro del esquema de dolarización, no tiene control directo sobre la emisión monetaria ni sobre variables clásicas de política monetaria. Sin embargo, esto no exime al Estado de su responsabilidad.
La regulación de tasas, la supervisión efectiva y la protección del consumidor financiero siguen siendo competencias clave que pueden y deben fortalecerse.
La comodidad política de educar en lugar de regular
Impulsar la educación financiera es políticamente rentable: no confronta intereses poderosos y proyecta una imagen de gestión responsable. En cambio, intervenir de manera más firme en el sistema financiero implica tensiones con sectores de gran influencia.
Por ello, existe el riesgo de que esta política funcione como una “cortina de humo”: una acción visible que genera aprobación pública, pero que evita abordar las causas profundas del problema.
Un enfoque que sí podría marcar la diferencia
Si realmente se busca mejorar la situación económica de los ciudadanos, la educación financiera debe ir acompañada de medidas concretas:
- Reducción efectiva del costo del crédito
- Mayor competencia en el sistema financiero
- Transparencia total en tasas y condiciones
- Sanciones reales frente a prácticas abusivas
- Políticas públicas orientadas a mejorar ingresos y reducir desigualdades
Más allá del discurso: la dignidad económica
No se puede hablar de responsabilidad financiera en abstracto cuando amplios sectores de la población viven bajo presión económica constante. La realidad es simple: nadie se endeuda por desconocimiento cuando lo hace para sobrevivir.
La dignidad económica implica un sistema donde el acceso al crédito no sea una trampa, sino una herramienta de desarrollo.
Conclusión
La educación financiera, por sí sola, no resolverá los problemas estructurales del Ecuador. Sin cambios en las reglas del sistema financiero, esta iniciativa corre el riesgo de convertirse en un paliativo que beneficia más al discurso político que a la realidad económica de la población.
Porque enseñar a administrar la escasez no es lo mismo que garantizar condiciones justas.
Y mientras eso no cambie, hablar de educación financiera sin hablar de abusos financieros seguirá siendo, en esencia, una cortina de humo.
* Jorge Luis Bowen Loor, licenciado en Ciencias de la Información y máster en Comunicación Empresarial y Corporativa. Es ciudadano de la provincia de Manabí (Ecuador), pero hizo sus estudios universitarios en España, donde reside actualmente. Su ejercicio profesional inició en algunas radioemisoras manabitas, en Portoviejo y Manta.
