Numerosos ciudadanos ecuatorianos están residiendo en Venezuela y bastantes ciudadanos venezolanos están establecidos en Ecuador, así que hay cercanía y hermandad entre los dos pueblos del norte de Suramérica.

Además, como pueblos mestizos, nos une la herencia libertadora de Simón Bolívar, el prócer venezolano propulsor de que los pueblos al norte suramericano se independicen de la dominación española, obtengan su propia nacionalidad y se desarrollen soberanamente.

Siendo consecuentes, hoy, cuando la patria de Bolívar sufre una de sus peores tragedias tras los dos recientes terremotos y sus múltiples y sucesivas réplicas, que han devastado a varias poblaciones, Ecuador y su gente debemos hacernos presente con nuestra solidaridad y ayuda, de la misma manera como los venezolanos lo hicieron en 2016 para favorecernos después del sacudón de 7.8 grados que sufrimos en carne propia.

En esa trágica ocasión del 16 de abril de 2016 sufrimos, particularmente, los habitantes de Manta, Portoviejo, Pedernales y Esmeraldas. Y llegó la ayuda solidaria de todo el Ecuador y de muchos países del orbe, particularmente latinoamericanos y entre ellos Venezuela.

Tanto el Gobierno nacional de la República, cuanto los gobiernos seccionales y los organismos con capacidad de convocatoria y acción, tienen que sumar y coordinar sus esfuerzos y recursos para acudir pronto con la ayuda ecuatoriana para los venezolanos que hoy sufren.

Y hay que hacerlo empezando por los venezolanos que se hallan en Ecuador, integrados a nuestro desarrollo, cuyas familias en su país de origen hayan sido golpeadas por el cataclismo. Sin olvidar, para nada, que muy probablemente algunas familias ecuatorianas radicadas en Venezuela también requieren el apoyo compatriota.

Por sobre las ideologías y las distinciones de clase, nuestra solidaridad tiene que ser total y urgente.

REVISTA DE MANABÍ, editorial.