A lo largo del feriado de cinco días que ha terminado este fin de semana, en la provincia de Manabí hubo algunos festivales con participación de artistas reconocidos internacionalmente, que atrajeron una concurrencia masiva de público. Fue un modo feliz de convocar a decenas de miles de visitantes llegados de varios lugares del Ecuador, que así pudieron ver al pueblo manabita retomar su ritmo habitual de vida después del terremoto catastrófico de abril, además de experimentar el placer de una estancia hospitalaria dentro del ambiente natural bordeado de la extensa costa marina y el valle tropical de vegetación exuberante y ríos plácidos.

Esos festivales tuvieron lugar en Bahía de Caráquez, donde la estrella fue Fany Lu; en Portoviejo, con varios artistas equiparables entre sí; y, en Manta, con el dúo Chino y Nacho presentados en el Estadio Jocay, aparte de Oro Sólido y Las Chicas Dulces que remataron la fiesta el 5 de noviembre en la playa de El Murciélago. En todos los casos con abundante público, pero con fallas salvables en algunos de ellos que, por ejemplo, afrontaron problemas con la amplificación del sonido.

También, ciertamente, hubo defectos en cuanto a la comodidad que merecen los espectadores para pasarse varias horas de la noche viendo a los artistas y escuchando sus conciertos o tratando de hacerse un espacio para bailar en medio de la multitud.

Lo bueno de todo esto fue el restablecimiento del quehacer turístico dentro de la provincia, interrumpido a raíz del sismo que sembró dolor y echó al suelo una parte de lo que llevó años levantar. La capacidad hotelera en funcionamiento volvió a llenarse y con ella se reactivaron miles de negocios que dependen en gran medida de la presencia de los turistas.

A más de los multitudinarios festivales animados por artistas de renombre, en otros cantones de Manabí se desarrollaron diversas actividades programadas para deleite de residentes y visitantes, como competiciones deportivas, ferias artesanales, ferias gastronómicas, festivales folclóricos, entre muchas más. Las hubo en Pedernales, Jama, San Vicente, San Clemente, Crucita, Puerto López, Junín, Jipijapa, Montecristi, Santa Ana y Chone.

Y, sin duda, la significación de estos actos fue mayor en los lugares más golpeados por la tragedia de abril, que en medio del dolor y las penurias materiales han sacado fuerzas para rehacerse a sí mismos y brindar hospitalidad a sus visitantes. El cuadro fue especialmente patético en Bahía de Caráquez, donde muchísimos edificios resquebrajados aún se mantienen en pie pero sin nadie que los habite, dándole a la ciudad una imagen de ruinas fantasmagóricas.

Bahía ha soportado dos terremotos seguidos con intervalo de apenas 18 años, y a esto hay que sumarle los estragos igualmente devastadores de la pasada crisis del camarón, producto que había reflorecido la economía cantonal. Para colmo, la construcción del puente que la comunica con el vecino cantón San Vicente desvió gran parte de su actividad comercial a este último.

MANTA, 06 de noviembre de 2016.

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