Por Pedro Pablo Jijón Ochoa*

Recorriendo el agro ecuatoriano y conversando animadamente con todos los niveles de productores agropecuarios, de los más sencillos aprendo y recuerdo grandes verdades que en su momento se vuelven grandes enunciados para desarrollar una adecuada política agropecuaria.

Ya hemos mencionado que la intermediación es el enemigo letal de la agricultura, porque gana la mayor parte de los réditos que genera toda la cadena productiva, mientras que el productor muchas veces solo alcanza a cubrir costos de producción, en el mejor de los casos.

Ilustración gráfica de cómo debe ser el Comercio Justo.
El Comercio Justo procura que las partes que transan obtengan beneficios equitativos.

En el año 1958 nació en Holanda una corriente para hacer más equitativa la relación comercial entre productores y consumidores, conocida como Comercio Justo. Se ha convertido en una forma alternativa de comercio, promovida por grupos sociales, políticos, ecologistas, pacifistas, y hasta por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El fin es mantener la relación comercial basada en el respeto y la transparencia, con sustentabilidad económica, social y ambiental entre ambas partes; es decir, entre productores y consumidores de los países que manejan este concepto. Es importante recordar que en Europa ya existen muchas empresas importadoras que se manejan con los postulados del Comercio Justo.

En nuestra realidad regional, cabe mencionar que se ha venido realizando Comercio Justo desde tiempos precolombinos. Desde las actuales costas manabitas, las balsas manteño-huancavilca surcaban las costas hasta la actual Panamá, para comercializar con los diferentes pueblos de esa ruta: productos agrícolas, artesanías de oro y plata, piedras preciosas como la esmeralda, cerámicas utilitarias. De allí la genética del manabita por el comercio y el trabajo visionario.

En la Región Andina de Sur América, desde tiempos ancestrales se realiza Comercio Justo entre las comunidades. En la ciudad de Cuenca muchas veces tuve la oportunidad de disfrutar, junto a buenos amigos, de la Feria de Ganado los días jueves, donde se comercializan especies como aves, cerdos, cuyes, hasta ganado mayor; incluso variedad de comidas criollas, emulando claramente lo que se hacía desde tiempos ancestrales.

Hoy por hoy, ante la necesidad de mejorar el nivel socio-económico de productores, se buscan alternativas de Comercio Justo. Ejemplo de esto es una forma original concebida a partir de la Ley de Economía Popular y Solidaria (EPS) y desarrollada por la Dra. Olga Gray en la ciudad de Quevedo, Prov. de Los Ríos. Es la red de tiendas populares, ejemplo digno de ser emulado por los demás GAD del país.

Considero que es tiempo de que las organizaciones agropecuarias industrialicen sus propias materias primas y nos volquemos a la “agroindustria asociativa”. Que los maiceros fabriquen balanceados, los lecheros empaquen bebidas lácteas, los arroceros presenten su gramínea en empaques atractivos y con marcas propias; y que todos ellos piensen en exportar a países que manejen el concepto de Comercio Justo.

Recordemos que si el sector agropecuario está bien, la economía del país igualmente estará bien.

* Ingeniero comercial y director ejecutivo de ASESORAP (Asesoría a Organizaciones Agrícolas Productivas): asesorapecuador@gmail.com
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