De cuánto es capaz el amor por un niño

Julen Roselló García (QDEP). Foto tomada del sitio web del Diario El Mundo de España.

El desenlace del operativo de recuperación de un pequeño niño de dos años de edad, caído accidentalmente en la profundidad de un pozo estrecho (20-25 cm), sobre la cima también estrecha de un rocoso cerro en la sierra de Totalán (Málaga, España), ha dejado una gran lección de humanidad.

Aquel niño -Julen Roselló García- fue sacado ya muerto a la superficie, después de permanecer 12 días adentro del orificio, lapso en el que medio mundo estuvo expectante de cómo evolucionaba el portentoso operativo de rescate puesto en marcha con urgencia por los bomberos y la Guardia Civil. Julen cayó al pozo al mediodía del domingo 13 de enero del 2019 y no se volvió a verlo hasta las 01h25 del sábado 26, cuando dos mineros y un guardia civil lo hallaron a 71 metros de profundidad, atrapado entre la tierra del piso del pozo y un promontorio encima del niño. Pero este yacía muerto.

Para encontrarlo fue necesario una “obra de ingeniería humanitaria” construida a marchas forzadas en la cima del cerro, cuya única vía de acceso era una carretera rudimentaria y demasiado empinada. Así que lo primero de esa gran obra fue adecuar la vía para posibilitar el paso de las enormes máquinas utilizadas en desmontar parte de la corona del cerro y allí estabilizar una plataforma desde donde se perforó un pozo paralelo al que había caído Julen, de modo que mineros especialistas y de larga experiencia bajaran a cavar un túnel de 4 metros de largo por 1 de ancho para llegar hasta el niño y rescatarlo. Un trabajo titánico, considerando la urgencia de remover 85.000 toneladas de tierra con sucesivas vetas de roca de gran dureza, sin estudios geológicos previos.

Obra de tal envergadura y de tanto apremio demandó el trabajo voluntario y fraterno de unas 300 personas, entre ingenieros, topógrafos, maquinistas, mineros y las encargadas de la logística y la seguridad. Todos respondieron de inmediato y con presteza, dispuestos a trabajar sin descanso hasta encontrar al infante. A ellos se sumó la inmensa solidaridad de los 700 habitantes de Totalán, que -además de asistir compasivamente a los padres (José y Victoria) del niño- abrieron sus casas y sus comedores para alojar y alimentar a cuantos pudieron. Las muestras de solidaridad y apoyo llegaron de todo el territorio español y de otras partes del mundo, lo que fue motivado por el pronto, rápido y minucioso despliegue informativo en los medios de difusión masiva.

https://youtu.be/mSNBxuEWkpw

Este caso admira gratamente por su mensaje aleccionador. Tocó las fibras más sensibles de los seres humanos, haciéndonos caer en cuenta de que, pese a todo lo negativo que encontramos en el quehacer del día a día, la sociedad universal conserva, en modo latente, ese lado bueno de confraternidad que aflora nítido en momentos determinantes, como en el presente, cuando ha estado de por medio la vida de un niño. Y es que los niños son la felicidad de cada familia, de cada hogar y de cada grupo social; ellos son la continuidad de la vida y la esperanza en el porvenir.

https://youtu.be/5HDHuoOP3n4

Los españoles sienten legítimo orgullo de sí mismos por haber contribuido con todo lo posible para tratar de salvar la vida de un niño, a quien -en circunstancias tan dramáticas- consideraron justamente “el hijo de todos”. La vida de Julen, sin embargo, partió prematuramente al infinito, a reunirse con los ángeles, pero queda entre nosotros la fuerza motora de su recuerdo, que unió a todos en pensamiento y oración, y en un singular abrazo de cooperación y fraternidad.

¡Lo que puede el amor por un niño!

FUENTES: Con fotos y vídeos tomados de los respectivos sitios web de los diarios españoles Sur (Málaga), El Mundo y El País (Madrid).
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