Celebraciones

Las dos hogueras bárbaras del Ecuador

Recordando el horrendo sacrificio de dos revolucionarios liberales ecuatorianos, Pedro J. Montero y Eloy Alfaro Delgado, este último expresidente de la República del Ecuador.

Joselías Sánchez Ramos* / sjoselias@gmail.com / 27-01-2021

Hola. Hace 109 años, Ecuador vivió dos sangrientas tragedias que enlutan la historia ecuatoriana. El arrastre, descuartizamiento e incineración del Gral. Pedro J. Montero el 25 de enero de 1912 en Guayaquil y el arrastre e inmolación del Gral. Eloy Alfaro Delgado el 28 de enero de 1912 en Quito.

Estas dos ciudades tienen para sí este horrendo pasado que desdibuja la cultura ecuatoriana hasta los abismos más insondables de la barbarie.


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La hoguera bárbara de Guayaquil

Así es denominada a la barbarie de Guayaquil que el 25 de enero de 1912, en la Gobernación, se asesina al Gral. Pedro J. Montero. Su cadáver es arrojado a la calle donde la soldadesca ebria y una multitud llena enloquecida lo desnuda, descuartiza, le arrancan los anillos de los dedos, le cortan la cabeza, los brazos, los testículos, atan los restos del cuerpo y lo arrastran hasta la Plaza Rocafuerte donde lo incineran mientras, en una danza macabra, cabeza y corazón son exhibidos y finalmente llevados al cuartel.

La hoguera bárbara de Quito

Tres días después, el 28 de enero de 1912, Eloy Alfaro Delgado y cinco de sus leales colaboradores son asesinados en el Panóptico García Moreno, arrastrados por las calles de Quito hasta el Parque de El Ejido donde son descuartizados e incinerados.

“Yo he presenciado muchas revoluciones e insurrecciones en muchos países, pero jamás he presenciado un procedimiento tan abominable y sediento de sangre como el que se llevó a cabo en esta ocasión, con el silencio y consentimiento de las autoridades”, reseña el cónsul británico en Ecuador, en Quito.

El Tigre del Bulubulu

Pedro J. Montero Maridueña, nacido en Yaguachi, hijo de Pedro José Montero Ramos y de Mercedes Maridueña Quezada, desde temprana edad mostró su vocación militar.

A sus 21 años le tocó vivir la Batalla de Mapasingue que le puso fin al sangriento gobierno de Ignacio de Veintimilla y allí conoció a Alfaro, convirtiéndose en uno de sus más leales colaboradores, participando en todas las campañas militares de la revolución alfarista hasta el triunfo de la revolución liberal.

Como buen militar sirve desinteresadamente durante los gobiernos de Alfaro y Leonidas Plaza Gutiérrez. Mientras se desempeñaba como jefe de la Guarnición de Guayaquil, el 21 de diciembre de 1911 fallece el presidente Estrada y se desatan la ambiciones políticas, mientras Carlos Freile Zaldumbide se encarga del poder.

La pretensión del Gral. Leonidas Plaza, de asumir el poder, desató la protesta de los liberales radicales quienes, frente al “peligro conservador” y el “peligro placista”, se levantan en armas. El Gral. Flavio Alfaro se proclama jefe supremo de Manabí y Esmeraldas. En  tanto, el Gral. Montero se proclama jefe supremo de Guayaquil.

Tratado de Durán

Frente a la lucha armada que desata el gobierno de Quito, el Gral. Montero llama a Eloy Alfaro, que se encontraba desterrado en Panamá, para entregarle el mando.

Las fuerzas gobiernistas, comandadas por Leonidas Plaza, en los primeros días de enero de 1912 en las sangrientas batallas de Huigra, Naranjito y Yaguachi van ganando terreno frente al movimiento revolucionario que, para evitar mayor derramamiento de sangre, capitula con la intervención del Cuerpo Consular y se firma el Tratado de Durán garantizando el respeto a la vida de los vencidos.

“Voy a morir”

Leonidas Plaza, general vencedor, no respetó la capitulación suscrita ni la intervención consular y el 25 de enero de1912 dispone el apresamiento del Gral. Pedro J. Montero, quien es conducido a la Gobernación de Guayaquil para un Consejo de Guerra.

Efrén Avilés Pino, en su Enciclopedia del Ecuador, narra así los hechos:

”En medio de alarmantes presagios, y de una turba de soldados disfrazados de civiles y de centenares de paisanos que secundaban a los primeros, se instaló el tristemente célebre Consejo de Guerra.

Poco antes de las nueve de la noche se leyó el veredicto en el que se declaraba que “por estar abolida la pena capital en nuestro Código fundamental, en nombre de la República y por autoridad de la Ley, se condena al mencionado reo Pedro J. Montero a la pena de reclusión mayor extraordinaria, diez y seis años de presidio, previa formal degradación militar que se efectuará en la plaza pública y en presencia de todo el ejército”.

Pedro Jacinto Montero./ Enciclopedia del Ecuador

“La soldadesca sedienta de sangre protestó por el fallo. Gritos atronadores y salvajes pedían la cabeza del sindicado. Es ese instante supremo y viendo la muerte cara a cara, se irguió Montero y dijo a sus enemigos con arrogancia:

“Quieren mi vida, está bien, la daré mañana”.

“No mañana, ¡ahora mismo!, le contestó una voz entre la turba. En ese momento el teniente Alipio Sotomayor le disparó un tiro en la frente y cayó sobre su víctima a ultimarle a culatazos…” (Eduardo Muñoz Borrero.- En el Palacio de Carondelet, p. 311).

Barbarie

El cadáver de Montero “fue arrojado por un balcón a la calle, donde la soldadesca ebria, que era toda la multitud, lo recibe con nuevos ultrajes; allí es desnudado, pillado, descuartizado, profanado; se le arrancan los anillos con los dedos, se le corta la cabeza, los brazos, los testículos… al fin los caníbales ebrios, atan una cuerda al cadáver y lo arrastran hacia una plaza cercana para incinerarlo…” (J. M. Vargas Vila.- La Muerte del Cóndor, p. 111).

Mientras el cadáver era consumido por las llamas en la Plaza Rocafuerte, al pie de la Iglesia de San Francisco, su cabeza y corazón fueron exhibidos en macabra danza y finalmente llevados al cuartel, “de donde, al día siguiente, su esposa Teresa de Montero pedirá la entrega. Casi una hora dura el canibalesco festín. Plaza, Navarro y Andrade, en una sala contigua al lugar de la audiencia, presencian el linchamiento y el arrastre…” (Roberto Andrade.- Sangre: Quién la Derramó?.- p. 104).

Tres días después, el 28 de enero de 1912, tiene lugar “La Hoguera Bárbara de Quito”. Eloy Alfaro Delgado y cinco de sus leales colaboradores son asesinados en el Panóptico García Moreno, arrastrados por las calles de Quito hasta el Parque de El Ejido donde son descuartizados e incinerados.

Eloy Alfaro Delgado./ Wikipedia

El odio ecuatoriano

El odio es un sentimiento maligno. Un sentimiento de repulsa intensa hacia alguien que provoca el ánimo de hacer daño o de que le ocurra alguna desgracia.

Ese odio, a principios del siglo 20 produjo dos terribles hogueras bárbaras. Vivimos el siglo 21. Pregunto: ¿Ha desaparecido el odio entre ecuatorianos? (Joselías, 2021-01-27)

* Joselías Sánchez Ramos es periodista, historiador, escritor, y docente jubilado. Nació y vive en la ciudad de Manta (provincia de Manabí, República del Ecuador).

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