8 de octubre de 1822. ¿Por qué celebrar esta fecha?

Libertad Regalado E.

Escrito por Libertad Regalado Espinoza*

Para contestar, hay que regresar 99 años en la historia de este cantón, otrora Jocay, Docay, Tocay, donde estaba el templo de la diosa Umiña, diosa sanadora, sitio de peregrinación constante. Hasta aquí llegaban de diferentes lugares en busca de sanación; le traían esmeraldas pequeñas para ofrecerle en tributo a Umiña, la madre de las esmeraldas, cuyos poderes eran extraordinarios. El chamán (sacerdote) obraba el milagro por medio de un ritual, el cual consistía en pasar la esmeralda por el cuerpo de la persona doliente.

Manta, en los primeros años de la colonia, es descrita como una “ciudad situada en la playa, era una de las principales de esta costa, y tenía, antes de que los españoles penetraran al país, más de veinte mil personas, pero en la actualidad solo viven 50 indios, cosa que igualmente ha ocurrido en todos los demás pueblos de la provincia” (Sic. Benzoni, 2000 (1547-1550), p. 110).

Con la llegada de los españoles, el 2 de marzo de 1535 Francisco Pacheco la denominaría San Pablo de Manta; considerando San Pablo por el día del santoral cristiano y Manta por la presencia de las mantas rayas.

“Para el año 1565, Hernando de Santillán, presidente de la Real Audiencia de Quito, ordenó que de las 14 familias españolas existentes en la ciudad de Puerto Viejo, la mitad de ellas se trasladará hasta el pueblo de indios, cuyo primitivo nombre fue Tocay, que dista a seis leguas, y en donde existe una iglesia, en donde apaciguan sus almas los viajeros en tránsito cuando los navíos hacen escala para aprovisionarse de comida, agua y vituallas, para que dicho puerto se transforme en ciudad, y la nombró ‘ciudad de San Pablo’. Se sabe que solo se trasladaron tres familias, por la negación de muchos de ellos” (Sic. José Rumazo González, 1968).  

De esta forma pasó a ser considerado un puerto seguro para avituallarse y carenar los barcos. Con el pasar de los años y los ataques frecuentes de los corsarios, su gente buscaría refugio en el cerro Monte de Cristo, formando paulatinamente una nueva población. Esta es la razón por la cual en la Descripción del Partido de Puerto Viejo de 1605 no se cita como pueblo a Montecristi, sino como un cerro. En 1687, después de un ataque de los corsarios, queda destruida la población y deciden los pocos pobladores quedarse ya de forma permanente en el cerro Montecristi, llamando a su pueblo como la Nueva Manta.

En el año 1685, William Hack confeccionó un ejemplar del derrotero del Mar del Sur, con 149 cartas que entregó al rey Jacobo II, en las que se encontraba el de las costas de Manta y en las cuales se puede apreciar el pueblo de Manta con unas casas, una capilla, unos árboles de ceibo y el cerro de Monte de Cristo, que con el tiempo pasa a ser un pueblo (1709 es una fecha en la que coinciden el padre Luis Hermidas y Fernando Jurado Noboa, de la formación del pueblo de Montecristi) haciendo honor al nombre del cerro, que, en los primeros años de la conquista, lo habían denominado de esa forma por un parecido con la geografía de Nicaragua, que también desde el mar podía apreciarse un río y un cerro.

Fotografía tomada del libro Génesis y Trayectoria del Instituto Oceanográfico de la Armada, 2010, p.29. / Suministrada por la autora de la opinión

Manta formó parte, como parroquia, del Corregimiento de Guayaquil, hasta fines del siglo XVIII. En 1824, con la creación de la provincia de Manabí, Montecristi pasó a ser considerado como uno de sus cantones; Manta y Jaramijó eran sus puertos. Para inicios del siglo XX Manta era parroquia del cantón Montecristi y el segundo puerto del país.

Con datos tomados del libro Personajes del Centenario de Manta, de Jhon Milton Palma; de textos de Jaime Cedeño Saltos y de la página web de El Telégrafo del 2015, reseño lo acontecido en esos años previos a la cantonización.

En 1912, Ascario Paz estructuró el Comité Cantón Manta, integrado por decididos parroquianos cuyos nombres recoge la historia. Era un grupo leal al general Eloy Alfaro. Iniciaron la campaña para lograr que Manta sea cantón y para este propósito conformaron el Partido de los Rojos y se identificaban por una pañoleta roja alrededor de su cuello. Sergio Domingo Dueñas y José Luis Tamayo, quienes pugnaban por la diputación y Presidencia de la República, respectivamente, se comprometieron con este proyecto. En 1922 alcanzaron escaños en el Congreso y fue el momento en que “Los Rojos” presentaron el proyecto. En efecto, el 30 de agosto de 1922, el diputado Sergio Domingo Dueñas presentó al Congreso Nacional el proyecto de cantonización de Manta, aprobándose casi de forma inmediata.

El 14 de septiembre de ese año, la Cámara del Senado, en tercera y definitiva sesión, por mayoría absoluta, aprobó el proyecto de Cantonización de Manta. El 22 de septiembre el Congreso en pleno recibió a Ascario Paz para escuchar los argumentos que justifiquen la aprobación del proyecto de Cantonización de Manta.

El 25 de septiembre el Congreso, pese a la fuerte oposición de los senadores montecristenses Balda y Espinel, aprobó el Decreto. El presidente Tamayo, el 29 de septiembre, firmó y sancionó el Decreto de Cantonización de Manta, que fue publicado en el Registro Oficial No. 602. El diputado Sergio Domingo Dueñas, en forma reservada, lo llevó a Guayaquil donde se entrevistó con Ascario Paz.

Luego, acogiendo la sugerencia de este patriota mantense, Dueñas abordó la motonave Colón y llegó a Manta en el atardecer del 6 de octubre, siendo recibido por un grupo de Gestores de la Cantonización encabezados por el procurador Carlos Cevallos Barreiro, quien el 8 de octubre comunicó al pueblo de Manta la cantonización de la parroquia y dio lectura al Decreto publicado en el Registro Oficial con fecha 30 de septiembre. Una fecha de júbilo cívico, los mantenses después de varios años cumplían sus aspiraciones.

¿Por qué celebramos el 4 de noviembre la cantonización? La respuesta en una próxima entrega.

* Emma Libertad Regalado Espinoza es nacida en el municipio de Jipijapa, provincia de Manabí (Ecuador), en el año 1953. Docente investigadora universitaria, miembro de la Academia Nacional de Historia, 2014; y columnista del Diario Manabita (El Diario) desde 1999.