Breve recuerdo histórico de cómo un retrato de la virgen de Monserrat, que durante la colonización española iba rumbo a Perú y hacía escala en lo que hoy es el puerto de Manta (Ecuador), dio una señal milagrosa para quedarse infinitamente aquí.
Por Tonny González Palacios*

La antigua Jocay o Tocay como se llamó al mayor asentamiento indígena en la costa del territorio que hoy se denomina Manta, tuvo una singular importancia como puerto de escala en la ruta entre Panamá y Perú, durante la conquista, sirviendo a las naves con el aprovisionamiento de agua y alimentación.
Las crónicas antiguas revelan la valoración que dieron al agua, obtenida de un manantial que bajaba del cerro de Montecristi en el sitio denominado Tohalla; que recogida en toneles era llevada al puerto para su uso, y se había hecho fama por su sabor delicado y carácter medicinal, siendo por tanto famosa para los marinos y viajeros.
Paralelamente, durante este periodo se desarrolló una enorme devoción, por parte de habitantes de Manta y marinos en tránsito, hacia la Virgen de Monserrat, que para ese entonces era patrona del pueblo de Manta. Al respecto, Don Modesto Chávez Franco en sus “Crónicas del Guayaquil antiguo” recoge y recupera una leyenda sostenida por la tradición popular que a su vez, primariamente, fue recogida por el cronista Dionisio de Alcedo.
Chávez Franco la expresa en los siguientes términos: “La tradición popular cuenta que era una pintura de un gran imaginero español de ese siglo y que venía de España con destino a Lima. Pero al llegar a Manta se desató un temporal tremendo; los marinos se encomendaron a la imagen que traían y el temporal amainó. Pero al querer volver a salir del puerto volvió a azotar el huracán y así en tres y cuatro intentos y amainaba o arreciaba según dieran puerto o quisieran tomar altura, de lo cual coligieron los marinos que era voluntad de la virgen quedarse en Manta, pues tal vez estaba mareada.
“La saltaron y le hicieron una misa en la capillita, (…) el mar se puso como una piscina. Creyeron poder ya volver a embarcarla. Que no!! Vuelta al turbión!! Hubo que dejar a la Señora Monserrat en Manta y de allí nació la devoción.”
Agrega la crónica que: “la iglesia de Manta dicen que estaba llena de buquesitos en miniatura, que pendían de cadenillas del cielo de la nave, en recuerdos y gracias de salvaciones milagrosas o de empresas de éxito. El cuadro de la virgen fulgía de votos de oro, perlas, esmeraldas y toda la pedrería preciosa legítima de aquellos entonces y de aquella buena fe.”
¿Qué fin tendría esa imagen? Es la pregunta que abre Chávez Franco sobre el suceso, y añade: “Quizás en Manta lo sepan”. Mas, después de varios siglos parece que la leyenda fue sepultada por el tiempo. Fácilmente podría confundirse con la virgen que está en Montecristi, pero el texto es totalmente aclarador, ya que señala se trata de una pintura, de un cuadro, precisión que la diferencia de la Virgen de Monserrat actualmente venerada en Montecristi, escultura que fue donada por el rey de España Carlos V en el siglo XVIII, parece ser en 1786, ya que así estaba expresado el dato en una banqueta del Parque Cervera de la misma ciudad, que luego remodelaron y destruyeron la banqueta.
El investigador Rodolfo Pérez Pimentel, en su Ecuador Profundo – tomo III, en un artículo esclarecedor sobre el culto a la virgen de Monserrat, venerada en Cataluña (España), en la montaña de Monserrat, que en lenguaje catalán significa “monte cerrado”, sitio que desde los primeros siglos del cristianismo sirvió de lugar de oración y penitencia, donde en uno de sus peñascos se venera la imagen en madera de la virgen. La costumbre de prenderle cirios o velas ennegreció la imagen, razón por la cual la llaman La Morenita.
El Mismo Pérez Pimentel señala que la primera capilla construida por Colón en América fue dedicada a la virgen de Monserrat, que luego se levantaron muchas iglesias en su honor, especialmente en México y Lima; esto en el siglo XVI.
La fuente histórica señala, además, que el emperador Carlos V fue un devoto de la imagen y que frecuentaba su santuario. Ello explica la donación de la escultura a Montecristi.
* Tonny González Palacios, ciudadano de la provincia de Manabí (Ecuador). Fue docente de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí (ULEAM), director ejecutivo del Consejo Nacional de Universidades, y director provincial de la Contraloría General del Estado en Portoviejo.
