Por Víctor Arias Aroca.

He estado averiguando por qué le llamamos el primer grito de la independencia al movimiento de insurrección de los quiteños, si este data del 10 de agosto de 1809 y la Junta Tuitiva de la ciudad de la Paz se realizó en julio de 1809; es decir, tres semanas antes. Por lo tanto, esta Junta habría sido el primer grito.

Ahora resulta que, en Chuquisaca de Perú, hubo un levantamiento todavía anterior, pues data de mayo de 1809.

Ahora veamos por qué se origina la pregunta. Resulta que, en el epígrafe de la obra “Las venas abiertas de América Latina”, el escritor Eduardo Galeano invoca el pronunciamiento de los héroes de La Paz, y transcribe textualmente la siguiente frase que impactó en el mundo entero: «hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez.«

Esa sentencia, dura y aleccionadora, se me quedó grabada desde la lectura inicial en los años 80 y se la pude comentar a su autor en los años 90 cuando, afortunadamente, la Universidad Eloy Alfaro pudo traer a Galeano a la ciudad de Manta a un congreso de escritores latinoamericanos.

Bueno, lo cierto es que la Junta Tuitiva de la ciudad de la Paz y la Junta libertaria de Chuquisaca fueron anteriores al primer grito de independencia de Quito. Entonces la pregunta sería ¿por qué se conoce al levantamiento de los patriotas quiteños como el primer grito de independencia?, cuando en realidad habría sido el segundo, sino el tercero.

El Libertador Simón Bolívar se pronuncia en su Manifiesto a las Naciones del Mundo, en 1814, sosteniendo que la gesta de Quito del 10 de agosto de 1809 abrió el camino a la emancipación americana. Es decir que ese movimiento causó un estremecimiento sustancial en las ansias de libertad de los americanos.

Hay algo más. El impacto que origina la rebelión quiteña provoca la reacción de los dos virreinatos, el de Lima y el de Nueva Castilla en Colombia. La respuesta del reino es brutal. Resulta que el movimiento de Chuquisaca (luego les cuento por qué lo he recordado) enmascaró su pronunciamiento en una supuesta sumisión al rey Fernando VII; en cambio, la Junta Tuitiva de la ciudad de la Paz fue más radical, pero fue rápidamente silenciado y controlado por hombres armados enviados por el virrey desde Lima.

De manera que el primero de estos levantamientos no creció porque mantenía (o al menos con eso encubrían una rebelión) el estatus de nación sometida al rey de España; y, el movimiento de La Paz fue inmediatamente desmovilizado.

Cambio, la Junta de Quito fue un golpe político radical. Ordenaba la destitución del presidente de la Real Audiencia de Quito, el señor Manuel Urriéz, conde Ruiz de Castilla; se designaba a una Junta de Gobierno y reconocía la independencia de poderes, incluso designaba a Juan Pío Montúfar como presidente de la Junta de Gobierno Autónoma de Quito, que es como se llamó. Los criollos lo hicieron a su manera.

Enseguida, tropas leales al rey se activaron. Desde el virreinato de Nueva Granada, con sede en Bogotá, se ordena una acción militar para movilizar soldados y recuperar Quito. En cambio, el Virrey de Lima, José Fernando Rabascal, envió tropas para aislar la rebelión, ordenó juicios severos y el apresamiento de los alzados que culminó con la trágica masacre del 2 de agosto de 1810, en que fueron pasados por las armas los valientes criollos que, encabezados por el mencionado Juan Pío Montúfar, habían iniciado la rebelión que fue el símbolo de la libertad.

Se trató de una horrenda e inhumana masacre, en la que fueron cruelmente asesinados Manuel Rodríguez de Quiroga, Juan de Dios Morales, Juan Salinas, Francisco Javier Ascázubi, entre los más destacados, junto a cerca de trescientos ciudadanos que participaron en la revuelta.

Todo aconteció en la absurda prisión denominada Cuartel Real de Lima, ubicado en Quito, ya que las tropas realistas consideraban a los quiteños como traidores. Así fue este trágico momento que la memoria colectiva considera como un acto degradante e injusto.

El impacto de la proclama quiteña del 10 de Agosto fue formidable y estremeció los muros de el Escorial. Es, además, un ejemplo claro de que la dominación y la esclavitud no pueden durar para toda la vida.

El sacerdote chileno, Camilo Henríquez, fue el primero en denominar a Quito como Luz de América. Luego vendría el reconocimiento del gran Simón Bolívar, en 1814. A esto hay que sumarle el hecho de que los historiadores invocan al 10 de agosto como el primer grito de la independencia de América, sin discusiones.

Ahora, mis lectores me obligan a cumplir lo prometido: la investigación sobre cuál fue el primer grito de Independencia de América me ha llevado de Chuquisaca, y de esa legendaria proclama, hasta el pueblo de Pucará, donde el 2 de agosto de 1825, el célebre abogado y patriota peruano, José Domingo Choquehuanca, dirigió su famosa arenga al Libertador, habiendo expresado: «*con los siglos, su figura crecerá como crece la sombra cuando el sol declina*«.

En mi libro “Yo, Simón Bolívar”, hay un capítulo completo sobre el 10 de agosto.

¡Bolívar es lo máximo!