Por David Ramírez*

El Umiña Tenis Club de Manta bautizó recientemente sus dos canchas principales, nombrándolas como Carlos Calero Calderón y Trajano Andrade Viteri, cumpliendo la tradición de los grandes clubes de tenis, de destacar sus escenarios con el nombre de quienes fundaron y enaltecieron este deporte. En el presente caso, el Umiña reivindica a dos valiosos ciudadanos que fueron artífices para la consolidación de la institución y que, más allá del ámbito deportivo, tienen una amplia trayectoria en la empresa privada, el primero y en el servicio público, el segundo.

Del semillero del Club surgieron dos jugadores que dieron brillo a Manta a través del país y en el marco internacional: Johnny De León y Gonzalo Escobar. En el caso del primero, integró el equipo de Copa Davis de Ecuador; y, en el segundo, lo integra actualmente.

El gran mérito del Umiña radica precisamente en eso. Pese a ser un club relativamente joven y modesto, que cada día amplía su radio de acción con el esfuerzo de sus socios, ha logrado trascender haciendo historia, aportando con sus jugadores al tenis nacional. Esa proyección no hubiese sido posible sin la presencia del licenciado Carlos Calero y el Abogado Trajano Andrade, bajo cuyo liderazgo el Umiña logra expandir su infraestructura y desarrollo integral como club.

Otro aspecto que es crucial citar, es la visión del Club en dar apertura para que jóvenes jugadores de escasos recursos puedan utilizar sus instalaciones y continúen mejorando su rendimiento, una práctica que ha dado buenos resultados. Por citar como ejemplo a Jorman Reyes y Jefferson García, dos tenistas que se iniciaron en la Escuela Municipal de Tenis y que, dadas sus condiciones, merecían apoyo, el mismo que llegó oportuno por parte del Umiña Tenis Club.

Trajano Andrade Viteri (segundo desde la derecha), aceptando el homenaje de los administradores del Umiña Tenis Club, cuyo presidente José Ponce consta segundo desde la izquierda.

En ese sentido, la institución ha cumplido con creces una función social y de fomento del tenis como deporte que puede llegar a los sectores populares. No estoy seguro si ambos, pero en cuanto a Reyes, este recibió una beca para estudiar en una universidad estadounidense, gracias al nivel tenístico que alcanzó.

El actual directorio del Umiña, que lo preside el economista José Ponce, ha hecho lo justo. Tengo la certeza de que en su momento no dudará en denominar a otras de sus canchas con los nombres de Johnny De León y de Gonzalo Escobar, por los méritos antes señalados.

No hay nada más grande que dignifique a los hombres, que el dar honor a quien honor merece. Comparto la gran satisfacción que me embargó durante mi reciente visita a París: ver el nombre de Andrés Gómez en un espacio privilegiado del Philippe Chatrier, el estadio principal del Abierto de Francia. Eso no tiene precio.

Gómez ganó el Roland Garros de 1990, en una epopéyica final ante Andre Agassi, que era el mejor jugador de Estados Unidos del momento y número 4 del mundo en el ranking ATP. La gesta del guayaquileño constituye, hasta hoy, el máximo logro del tenis ecuatoriano.

* Periodista de Manta, editor de El Diario de Nueva York (EE. UU.). Colaborador ocasional para REVISTA DE MANABÍ.