In memoriam: Alba Vitalina de Muñoz, las obras de su vida

Alba Vitalina Andrade Loor de Muñoz, benefactora y matrona de Levante, Chone./ CORTESÍA familia Rodríguez-Muñoz

Los lazos familiares, ese sentimiento puro y desinteresado que nos unía con Alba Vitalina, nos hacen interesarnos en escribir estas líneas, para recordar su memoria a las pocas semanas de haber fallecido y partir hacia la casa del Padre; y que reciba el bello recuerdo y el consuelo infinito de habernos contado entre los suyos.

Hay vidas cuya convicción por los valores positivos, vocación de servicio a los demás, y decidido afán por un mejor futuro para las nuevas generaciones, les hace trascender más allá del tiempo cronológico, hasta llegar a convertirse en inspiración, testimonio y modelo imperecedero de ciudadanía.

Es por ello que el lamentable fallecimiento de Alba Vitalina Andrade Loor, viuda de Muñoz -gran hija, esposa, madre, hermana, amiga y colaboradora como pocas personas-, acaecido el sábado 5 de septiembre del 2020, nos hizo recordar las obras de su vida. A pocos días de su cumpleaños 92, constituye una pérdida irreparable y motivo de profundo pesar, debido a los múltiples emprendimientos de ayuda que impulsó, junto a su esposo Enrique Muñoz Cedeño, desde hace más de medio siglo en favor de la niñez, la juventud y la Comunidad de Levante, en el sitio Garrapata de Chone.

Es claro que tales misiones de decidido apoyo a diferentes comunidades, como por ejemplo la construcción del Colegio Raymundo Aveiga en el año 1.969, constituyen un aporte para la ciudad de Chone, como lo puede certificar el exrector Carlos Avellán Vera. Esa contribución se realizó con donaciones de madera, caña guadua, el esfuerzo de trabajadores y la alimentación a quienes llegaban por caña y madera a la hacienda de Levante.

El apoyo a la salud de quien solicitaba alguna contribución nunca faltó, y tampoco el beneficio social a la comunidad de Chone, pues como fervorosa católica le gustaba colaborar en diferentes actividades de la Iglesia, hasta en la reconstrucción del templo San Cayetano, allá por los años de 1.970, cuando esa obra estuvo a cargo del sacerdote español Federico Ibáñez y la monja sor Matilde Armas, que aún es recordada en Chone por su modo singular de conducir una pequeña camioneta Datsun 1200, color azul.

La obra de Alba Vitalina también llegó a las comunidades de Garrapata, Garrapatilla, Matutina y su querida comuna Levante, a la cual llevó luz eléctrica y lastrado para la vía en todo el sector, en el que ayudó a construir capilla y escuela, haciendo las gestiones pertinentes para el funcionamiento de esta última y buscando adecuarla con cemento; e inclusive consiguiendo profesores a quienes además brindaba alimentación.

Más allá de esas tareas de convivencia social, también se preocupó por la siembra del cacao de fina aroma, con los vecinos.

Sus obras hablan por sí solas y constituyen un legado que prolonga su memoria y hace que su nombre sea llevado con cariño en el corazón de tantas personas en cuyas vidas florece su liderazgo altruista. Fue socia activa, y muy colaboradora, de organizaciones y asociaciones de la ciudad de Chone.

Muchas de sus obras de ayuda no las hacía conocer. Asumía como propios aquel antiguo dicho de que “Hay que hacer el bien sin mirar a quién” y el mandato bíblico “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha”. Esos fueron siempre su lema.

Sin duda, dos de sus actos más generosos y visionarios, son: la entrega de la Capilla de Levante a la Catequesis de Chone y mantener funcionando la Escuela Víctor Muñoz Mendoza (nombres del padre político de la benefactora y visionario e insigne agricultor, músico, montuvio de cepa -a mucha honra- como lo somos muchos en Chone, por no decir la gran mayoría: gente sincera, alegre y trabajadora), de quien ella junto a su esposo aprendieron mucho, por el trabajo tesonero y por impulsar el desarrollo comunitario como una responsabilidad social; y, ante Dios, sellando su presencia terrenal.

Centenares de jóvenes han tenido y tienen la oportunidad de ingresar desde la escuela ya mentada a los diversos colegios de Chone, Manabí, y ser parte de generaciones de bien; para después ir en busca de numerosas carreras profesionales en las muchas universidades que existen en el país.

Hoy, al recordar su llamado ante el Creador, estamos haciendo entrega de la llave de una puerta que se abre a nuevas oportunidades para quienes continúan y continuarán en ese terruño tan querido, como seguramente lo quiso ella, rodeados de brillantes sonrisas juveniles y de todos quienes allí habitan: hombres y mujeres que hoy tienen un mejor horizonte, gracias a la inspirada vocación de servicio y esperanzas perpetuas dejadas por Alba Vitalina Andrade Loor, recordada por su sencillez, su claridad de objetivos y también por su perseverancia, que dejan una huella positiva en la historia de Levante de Garrapata, en el Cantón Chone.

El dolor es mucho más intenso cuando quien se va de la vida terrenal es parte de la comunidad a la que dedicó toda su existencia en su condición de filántropa y matrona de Levante; porque andaba a todas horas obsesionada con su comunidad, como si fuera ella su adorada Dulcinea de los sueños de un Quijote.

Convencidos estamos, de que Alba Vitalina Andrade Loor, líder de la lucha por los derechos de su familia y comunidad, vive en las obras de su vida. Que la muerte se ha llevado su cuerpo, pero su espíritu estará con nosotros, por siempre en nuestros corazones, recordando que se nace, se muere y se renace. Para su familia y la comunidad circundante, el legado dejado estará eternamente presente, impulsándonos a todos hacia arriba.

Que en paz descanse.

Atentamente: Familia Rodríguez-Muñoz, Quito