Opiniones

La yerra

Pedro Pablo Jijón Ochoa (Guayaquil) hace esta vez un relato edulcorado sobre el acto de herrar (marcar) al ganado vacuno, fantaseando al mismo tiempo con un futuro de prosperidad inmediata para las actividades agropecuarias del Ecuador.

Por Pedro Pablo Jijón Ochoa* / Guayaquil / 22-03-2021

Truena el cielo como arrastre lento de grandes y pesados bultos. Se ilumina en el horizonte, de golpe, la noche invernal a lo lejos (De niños contábamos los segundos para calcular la distancia de la tormenta). Un cañonazo lumínico nos indica que tenemos encima la tempestad.

El mes de marzo trae a partir del día 15 torrenciales lluvias, acompañadas de truenos y tormentas eléctricas, lluvias que inundan la cuenca baja: arrozales sumergidos, potreros hechos lagunas, corrales encharcados. Hasta el día 19 las lluvias constantes solo permiten ver a las canoas montubias transportando víveres, personas y hasta ganado. Es la creciente de San José castigando el litoral.


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El ganado mayor y menor debió ser puesto a resguardo de la creciente de San José, enviándolo a zonas altas, a la loma, a grandes potreros donde se comparte el espacio con otras ganaderías. Coincide el tiempo de pariciones, cruzas; del abigeo y del oportunista comerciante de ganado. El trabajo de campo es ahora curar, inventariar, vender y marcar ganado.

Mientras avanzamos a caballo con el fierro en la alforja para la yerra del ganado, recuerdo que desde el antiguo Egipto se hacían marcas sobre la piel de los animales a manera de símbolos y hechizos para protegerlos de cualquier mal. Adopta también el Imperio Romano esta costumbre de marcar con hierro. La conquista española en América introduce ganado de lidia y el empleo de las marcas para diferenciar ganaderías y propietarios.

Dos fogatas, la una con una parrilla de hierro donde se asa carne condimentada solo con sal y acompañada con plátanos verdes, que será nuestra única comida del día; la otra fogata, el fierro ya al rojo vivo con la “jota en blasón”, cruel, definiendo propiedad indeleble.

Mientas veo la yerra, anhelo al sector ganadero boyante, con genética renovada, precios justos para leche y carne. Diseño en mente la agroindustria asociativa que nos permita vender, con buena presentación y marca comercial, al consumidor final en las ciudades.

Reconozco que nos hacen falta autoridades con visión social y conocimiento del agro, que marquen como la yerra el futuro promisorio del sector agropecuario del Ecuador.


* Pedro Pablo Jijón Ochoa es ingeniero comercial y director ejecutivo de la Asesoría a Organizaciones Agrícolas Productivas (ASESORAP): asesorapecuador@gmail.com

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