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Así ganó Lasso

Una perspectiva independiente de cómo se movieron las piezas del juego político para que el candidato conservador remontara la adversidad, hasta obtener el mandato popular que lo hizo presidente electo del Ecuador.

Guillermo Lasso había perdido dos elecciones consecutivas, una (2013) contra Rafael Correa y la otra (2017) contra Lenín Moreno, auspiciado por el movimiento político que entonces lideraba el expresidente. Al comenzar la campaña preelectoral del balotaje celebrado ayer, domingo 11 de abril del 2021, muchos vaticinaban que el candidato de Creando Oportunidades (CREO) y el Partido Social Cristiano (PSC) volvería a perder, en esta ocasión ante el candidato de Unión por la Esperanza (UNES) respaldado por Correa.

Iniciada esa campaña por la segunda vuelta de las elecciones generales, durante un lapso largo parecía que Arauz llevaba la delantera. Las encuestas de intención de voto así lo pronosticaban. Se pensaba que esta candidatura, promotora de políticas socialistas o progresistas, orientadas a favorecer primordialmente a las clases asalariadas que son mayoría en la población ecuatoriana, tendría una victoria holgada.

Esta suposición se afianzaba con la idea de que Arauz era la continuidad del gobierno correísta que legalizó derechos excluidos, creó ayudas económicas directas para varios grupos sociales marginados, mejoró ciertas prestaciones de los servicios públicos y construyó numerosas obras estatales para uso de todos los ecuatorianos. Además, se valoraba la juventud de Arauz y su precoz y selecta formación académica en universidades de gran prestigio internacional.

Pero esta vez, comprendiendo que quizá estaba jugándose su última oportunidad, Lasso “puso toda la carne en el asador” y se lanzó decidido a conseguir el anhelado triunfo. Fortaleció su equipo estratégico y él mismo se adaptó a nuevas formas de generar reacciones y llamar la atención pública. Más que ahondar en la divulgación precisa y clara de su plan de gobierno, apeló a la sensiblería popular y echó mano a recursos tales como aparecer casual en TikTok, responder cuestionarios ligeros a youtubers e influencers, disfrazarse de indígena, etc.

En las últimas semanas no había página en Internet sin anuncios de su propaganda. Las redes sociales abrumaban con textos, fotos y videos resaltando su candidatura, pero también aquellos desmereciendo al opositor, que también hacía algo parecido, pero en menor proporción.

Por encima de todo eso, lo más efectivo de la campaña propagandística de Lasso fue la utilización de inmigrantes venezolanos clamando ayuda en las calles y plazas del Ecuador, y mostrando carteles que advertían a los votantes no elegir al candidato socialista, porque este arrastraría el país hacia la escasez económica y el desasosiego social de Venezuela. Esto infundió miedo y torció la voluntad de bastante gente.

Usar a inmigrantes venezolanos para mostrar este tipo de carteles atemorizó a muchos electores y les indujo a cambiar su intención de voto./ FOTO de portaldiverso.com, tomada de Google

Otro punto a favor de Lasso, y en contra de Arauz, fue la revelación de que este último solo trabajó 2 de los 12 años que estuvo enrolado en el Banco Central del Ecuador. Hubo la explicación del político, de que únicamente cobró sueldos por esos dos años; pero no pudo desvanecer el claro privilegio de conservar un nombramiento durante diez años sin haber ejercido. Por esto lo tildaron de “pipón”, o empleado que “cobra sin trabajar”.

Es posible, igualmente, que en el fracaso de Arauz influyera mucho no haber sostenido con claridad, desde el principio de la campaña preelectoral, que él es la continuidad del proyecto de gobernanza impulsado por el expresidente Correa, el auténtico destinatario de gran parte de la votación recibida por el aspirante. Una cantidad significativa de electores correístas puso en duda la lealtad del delfín, recordando la inconsecuencia partidaria del presidente Moreno.

Otro aspecto que aprovechó la campaña de Lasso es la evidente falta de experiencia política de Arauz y su reciente pasado de contradicciones al expresar lo que pensaba en cada momento. Algunas veces lo pillaron diciendo algo distinto de lo que piensa hoy.

El uso de redes sociales alojadas en Internet fue decisivo para esparcir la propaganda, por cuanto hoy en día casi nadie se mueve sin un teléfono móvil inteligente conectado de forma constante a la “red de redes”, el medio de comunicación más masivo de la historia. Pero Internet y todos los sitios o páginas aglutinados en ella son solo canales para la circulación de mensajes, y son estos los que provocan reacciones. Fue entonces la agudeza para elaborar mensajes llamativos y convincentes lo que indujo a mover el ánimo y la conducta de los electores. Y entre estos predominaron los mensajes construidos para socavar la imagen y el prestigio del adversario.

Por cierto, no podemos ignorar que un segmento importante de la población encontró en el proyecto de gobernanza de Guillermo Lasso la oportunidad para potenciar el aparato productivo, incrementar las inversiones de capital, aumentar el empleo estable y debidamente remunerado, disminuir la carga de normas y trámites oficiales, así como asegurar relaciones comerciales estables con los países consumidores. Y percibió que este candidato daba señales de querer hacer una gestión gubernamental basada en acuerdos armoniosos y duraderos, respetando los intereses y derechos de todos los sectores de la sociedad. Así lo vieron y entendieron.


Autor: José Risco Intriago.

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