Por María Fernanda Pincay Cantos *

María F. Pincay C.

El crecimiento de la población y el avance de las actividades industriales a partir del siglo XIX, trajeron aparejados serios problemas de contaminación ambiental. Desde entonces, los países generan más desperdicios, muchos de ellos no biodegradables o que se degradan muy lentamente en la naturaleza, lo que provoca su acumulación en el ambiente sin tener un destino seguro o un tratamiento adecuado.

Los procesos de producción de alimentos son reconocidos como uno de los principales contribuyentes a los impactos ambientales, ya que son consumidores de energía y recursos naturales. Las industrias pesqueras generan contaminación por medio del agua residual derivada de los procesos industriales asociados al procesamiento de peces (Walberg, 2010). La eficiencia del tratamiento primario es limitada, produciendo lodos residuales que son dispuestos finalmente en vertederos o rellenos sanitarios, originando una fuerte amenaza para el medio ambiente, en especial para las fuentes hídricas.

En el Ecuador solo el 12 % de las aguas negras tienen un nivel de tratamiento primario, secundario y terciario, siendo Cuenca una de las ciudades que cumple con el 95 % del tratamiento de este tipo de agua, pero generando lodos residuales que son dirigidos a los rellenos sanitarios o vertederos que disminuyen su vida útil, dando como resultado la proliferación de microorganismos patógenos que colocan en riesgo la salud pública.

Aplicación de microorganismos eficientes PTARI. / FOTO: María Fernanda Pincay Cantos.

El problema del manejo de tales lodos se da cuando se desperdicia su potencial de aprovechamiento, aumentando el volumen de materiales residuales en los vertederos o rellenos sanitarios, e incluso en aguas marinas. Por esta razón se busca tratamientos adecuados que permitan la reutilización y aprovechamiento de este tipo de residuos.

Los microorganismos presentes en esos residuos pueden ser utilizados para degradar diversos agentes contaminantes; muchas de las bacterias presentes pueden ser aliadas para enfrentar la contaminación del planeta. A través de la biorremediación se ha estudiado su uso en la mitigación de derrames de petróleo, así como para mitigar la contaminación producida por la minería, los desechos industriales, e incluso para tratar los desechos de las ciudades.

Los microorganismos utilizados en biorremediación pueden ser los ya existentes (autóctonos) en el sitio contaminado, o pueden provenir de otros ecosistemas, en cuyo caso deben ser agregados o inoculados. La descontaminación se produce debido a la capacidad natural que tienen ciertos organismos de transformar moléculas orgánicas en sustancias más pequeñas, que resultan menos tóxicas, siendo una alternativa de solución a la elevada concentración de carga orgánica en lodos residuales de industrias pesqueras, permitiendo el aprovechamiento de estos residuos con otros fines, tales como abonos agrícolas.

Bacterias del género Bacillus sp. / FOTO: María Fernanda Pincay Cantos.

Los microorganismos en las plantas de tratamiento de aguas residuales (EDAR), son esenciales para la purificación del agua a fin de proteger la salud pública y ambiental (Linwei, 2019).

La biorremediación mediante bacterias ofrece grandes posibilidades de limpiar y descontaminar sistemas complejos; y, gracias a sus ventajas económicas y ambientales, será una de las tecnologías más desarrolladas durante este siglo.

Se están utilizando cepas especializadas de microorganismos de alta actividad para tratar agentes contaminantes en diferentes sectores, como las industrias que utilizan catalizadores, las textiles, las curtiembres, el procesamiento de celulosa y almidón, la galvanoplastia, la minería, el desengrasado y recubrimiento de superficies.

* María Fernanda Pincay Cantos es magister en biotecnología molecular, docente – investigador para la carrera de Ingeniería Ambiental en la Escuela Superior Politécnica Agropecuaria de Manabí, Manuel Félix López «ESPAM – MFL».

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