Por Pedro Pablo Jijón Ochoa*

Con el advenimiento de la explotación agrícola del monocultivo, a partir de los años cincuenta en Hispanoamérica y Ecuador, se han venido perdiendo costumbres ancestrales de producción y autoabastecimiento de alimentos variados y sanos. Nos hemos vuelto más compradores que productores; las compañías transnacionales han captado ese segmento para proveernos alimentos y así hemos ido olvidando nuestro ancestro agroproductivo.

Por Pedro Pablo Jijón Ochoa*

Dentro de las actividades productivas que he conocido muy de cerca, la pesca artesanal es la que más me ha impresionado por ser un trabajo de hombres que desde tiempos inmemoriales buscan su sustento mar adentro, sin temor a duras condiciones climáticas de frío nocturno, mar picado o inclemente sol, para luego de doce horas de constantes lances con sus redes lograr capturas de especies que forman parte de los alimentos que constituyen la soberanía alimentaria de nuestro país.