Por Pedro Pablo Jijón Ochoa*

Dentro de las actividades productivas que he conocido muy de cerca, la pesca artesanal es la que más me ha impresionado por ser un trabajo de hombres que desde tiempos inmemoriales buscan su sustento mar adentro, sin temor a duras condiciones climáticas de frío nocturno, mar picado o inclemente sol, para luego de doce horas de constantes lances con sus redes lograr capturas de especies que forman parte de los alimentos que constituyen la soberanía alimentaria de nuestro país.

Uno de los emprendimientos que he realizado en mi vida ha sido la comercialización de productos ictiológicos, principalmente langostinos capturados por las pangas del puerto de Engabao, provincia del Guayas en Ecuador. Langostinos que alcanzaban tamaños y pesos equivalentes a 5 unidades por libra; pesca blanca como corvina, robalo, lenguado, dorado y otras especies podían adquirirse a buen precio. Sin duda nuestro país tiene un gran potencial económico en los mares y ríos.

Una mañana, hace veinte años, en la orilla del puerto de Engabao conversaba con mi buen amigo Don Chicho Orrala mientras esperábamos las pangas que habían salido la noche anterior a su faena de pesca cuyas capturas queríamos comprar. Me admiré al ver un chinchorrero (embarcación industrial) en plena faena depredadora de pesca a escasos trescientos metros de la orilla. Al preguntarle a Chicho el porqué de esa penetración ilegal al área de las ocho millas estipuladas legalmente para aprovechamiento exclusivo de los pescadores artesanales, me respondió con desconsuelo que ya estaban cansados de denunciar a las autoridades sin tener respuesta; que las embarcaciones industriales por su capacidad ya no les dejaban pescar, ni capturaban las especies como antes.

En estos días hemos podido ver en los medios de prensa manifestaciones muy fuertes de pescadores artesanales pidiendo a las autoridades control para los mismos problemas de hace veinte años: la pesca industrial penetrando ilegalmente a la zona de las  8 millas, que es un enfrentamiento desigual de las embarcaciones industriales contra las frágiles pangas artesanales y un ataque más de la piratería que ya ha cobrado varias vidas en este año.

Es importante recordar a las autoridades, al ministerio rector de la pesca y a la opinión pública, que el área de las ocho millas debe ser conservada de manera especial ya que aquí es donde se reproducen especies únicas de nuestras costas, y es donde los pescadores artesanales tienen su campo de acción para logar su sustento y proveer alimentos del mar a la ciudades.

Defender la pesca artesanal es defender la soberanía alimentaria.

* Ingeniero comercial y director ejecutivo de ASESORAP (Asesoría a Organizaciones Agrícolas Productivas): asesorapecuador@gmail.com Guayaquil, Ecuador.
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