En peligro el sombrero de paja toquilla

¿Quién no ha oído hablar del sombrero de paja toquilla?

El mundo entero sabe de la fina prenda de vestir que ha sido usada por personalidades mundiales de la política, la literatura y el espectáculo; como Ernest Hemingway, Winston Churchill, Harry Truman, Humphrey Bogart; y, aún ahora, es usado por gran cantidad de personas, tanto en Ecuador como en el orbe.

Tiene su humilde origen en las costas de Manabí. Los cronistas españoles venidos en la Conquista ya escribirían del uso de tocados de fibras vegetales que usaban los nativos para cubrirse del inclemente sol ecuatorial. Se sabe por estudios actuales, que se remonta su uso al Período Formativo (3.500 a. C. – 500 d. C.), principalmente por las culturas Valdivia y Chorrera, que ocupaban lo que actualmente son las provincias del Guayas y mayormente Manabí.

Su confección siempre fue tradicional en Manabí, hasta que en el año 1835 su enseñanza se extendió a Cuenca, provincia del Azuay, por una fuerte crisis económica derivada por factores como sequías, para así palear la necesidad económica de los habitantes de las zonas rurales del Austro.

En la inauguración del Canal de Panamá, el año 1914, ya era muy usado por los constructores de este. Desde ese país se reexportaba a EE.UU. y Europa; de allí su nombre erróneo de “Panama Hat”.

La Unesco declaró el tejido del sombrero de paja toquilla como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, el 5 de diciembre de 2012, hecho que evidencia el arte de su elaboración y la trascendencia de su uso.

El confeccionar sombreros de este material es una ocupación netamente campesina, por eso nos trae el análisis y preocupación por el futuro cercano de este producto bandera de nuestro país.

En la Parroquia Pile del Cantón Montecristi, provincia de Manabí, se produce de manera natural la planta de la paja toquilla (carludovica palmata). Las condiciones de suelo y clima permiten que esta planta se desarrolle, dando alta calidad en sus fibras a usar en la elaboración de artesanías y del mismo sombrero.

Encontré en este sector a comuneros productores de esta planta, quienes manejan de entre 1 a 5 hectáreas; y, por los bajos costos pagados por la fibra, ya solo quedan 6 personas dedicadas a este cultivo. Por ende, cada vez se encuentra menos materia prima a pesar de ser de alta calidad.

Doña Celia López García, representante del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural del Ecuador, me explicaba cómo reconocer la finura de un sombrero contando los nudos o puntos de paja por pulgada cuadrada del tejido, que van desde 17 hasta 64 puntos; y dependiendo de esto es el tiempo de elaboración, que va desde mínimo 2 meses.

El costo de esta fina prenda pagada al tejedor va desde 100 dólares en adelante, dependiendo de la calidad de la paja y de la experiencia del tejedor. Se sabe del mayor precio alcanzado en EE.UU. y la U.E., que es alrededor de 25.000 dólares (sombrero extrafino o trafino); es decir que la mayor parte de las ganancias van a manos del exportador del sombrero.

Amalgamando todas las aristas de esta actividad: bajo costo y escasa materia prima, bajos precios pagados al tejedor de sombreros por su arduo trabajo, migración de los jóvenes de las zonas rurales a las ciudades, nos hacen pensar que el sombrero de paja toquilla está en vías de desaparecer.

Considero se debe articular una alianza estratégica entre instituciones, como Ministerio de Ambiente, Ministerio de Agricultura, Asociación de Tejedores de Paja Toquilla, Ministerio de Comercio Exterior, embajadas del Ecuador en los diferentes países. Alianza que permita aumentar el hectaraje de siembra de la planta, pagar mejor precio al productor de la fibra, que haya suficiente materia prima para aumentar el volumen de confección del sombrero y, lo  más importante, se traslade la ganancia en buen porcentaje al tejedor, para así incentivar a las comunidades a seguir esta hermosa tradición.

Es tarea de todo ecuatoriano bregar porque se mantenga esta actividad. Es más, todo ecuatoriano -hombre o mujer- debe usar un Sombrero Fino de Paja Toquilla.

Autor: Pedro Pablo Jijón Ochoa, ingeniero comercial, asesor de organizaciones agrícolas productivas: asesorapecuador@gmail.com
(Escrito el 20 de junio del 2017. Revisado el 08 de enero de 2018.)
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