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El presagiado final de “Chicho” Joza, icono del estampado publicitario

Los creyentes en un Dios Todopoderoso que diseñó, creó y dio vida al Universo, regulándolo y controlándolo perfectamente, estamos convencidos de que la muerte no es un azar sino un acto predeterminado a ocurrir en una fecha y una hora precisos, sin importar dónde ni cómo. Simplemente acaece porque tenía que suceder. Los entretelones previos no son más que un preludio de conjeturas para tratar de justificar lo que nadie puede revertir. Sin embargo, en este punto suelen darse ciertos acontecimientos extraños que rodean de misterio el momento de la expiración.

A propósito del reciente fallecimiento del maestro pintor Walter Francisco Joza Farfán, a quien sus familiares y amigos más cercanos apodaban con afecto “Chicho” o “Chichí”, que expiró en la ciudad de Manta al amanecer del día domingo 5 de mayo del 2019, encontramos tres hechos premonitorios de su fin. Los tres tuvieron lugar en sitios, fechas y circunstancias diferentes, pero se entrelazan curiosamente.

“Chicho” transitaba en sus 67 años de edad y tenía una personalidad empática. Había cursado su bachillerato en el Colegio San José, que por entonces (década de los años 70) era la unidad educativa privada más elitista para los jóvenes de la ciudad de Manta. Su padre, Daniel Joza Espinales, de origen chino y a quien sus conocidos apodaban “General”, administraba un restaurante de su propiedad llamado “Picantería Central” -Avenida 2, entre calles 9 y 10-, centro de tertulias de los personajes públicos de aquella época. Eso posicionó en buen estatus social a la familia y “Chicho”, además, se hizo muy popular entre sus coetáneos del tradicional Barrio Amazonas donde vivía, formando parte de los grupos de jóvenes que se reunían frecuentemente para charlar, hacer deporte y concurrir a fiestas, aparte de fungir como activistas propulsores del adelanto general de la ciudad, involucrándose en ruidosas manifestaciones convocadas por los líderes políticos y gremiales del momento.

En el ínterin, “Chicho” aprendió el arte de la serigrafía (estampado mediante la transferencia del color a través de una malla calada) y pronto adquirió notoriedad pintando carteles publicitarios de diversas formas y dimensiones, principalmente las pancartas usadas en las campañas de propaganda política. Esto se volvió su profesión, en la que estuvo trabajando hasta los últimos días de su vida, en su local situado entre la Calle 11 y las avenidas 12 y 13 (Barrio Amazonas), allí mismo donde antes estaba la casona familiar donde creció y formó su propia familia en unión de su esposa Cena (Carmen) del Rosario Risco Intriago.

Tres días antes de su muerte, auto provocada colgándose de una soga dentro de su casa, su hija Gabriela Esther -quien vive en Quito- escribió en la red WhatsApp de la familia: “Anoche soñé con Edu (por José Eduardo, nieto del difunto) y lo vi llorando… ¿Qué será?” En la misma fecha, pero en Guayaquil, Olga Fátima Risco Intriago, hermana política de Walter Francisco, había sentido la presencia invisible de alguien que se sentaba en la cama donde ella reposaba, dejándola sumamente preocupada. El difunto tenía gran afecto por Fátima y esta apreciaba mucho a su cuñado. Tal vez el espíritu de Walter andaba “recogiendo sus pasos”.

A Walter se le había diagnosticado mal funcionamiento de su próstata y estaba prevista una cirugía reparadora que se realizaría el día 26 de abril del 2019, en el Hospital del IESS en Manta. Pero cuando Walter y el familiar que le acompañaba se presentaron en la unidad médica correspondiente a fin de que prepararan al paciente para la operación, una funcionaria de la casa de salud les informó que el médico tratante había concurrido el día anterior, porque esa era la fecha que él tenía agendada para cirugías. Claramente, hubo un error de quienes en el hospital programaron la presencia del paciente. Y reprogramaron su cirugía para el siguiente 9 de mayo.

Esta prórroga fue devastadora para Walter, que con el solo anuncio de su enfermedad ya estaba preocupado y deprimido, al extremo de haberse recluido en su casa para evitar todo encuentro con personas ajenas a su entorno familiar. Estaba muy irritable y cualquier ruido le fastidiaba. El tratamiento médico que recibía, que le obligaba a usar una sonda, le impedía movilizarse con soltura. Y no soportó más.

La familia de “Chicho” Joza
Padres: Daniel Joza Espinales y Esther Farfán (fallecidos).
Hermanos: Carlos, Humberto, Juan, Laura (+), Nancy, Tony (+), Paco, Freddy, Sandra, Lorena y Carmen Emilia Joza-Farfán.
Esposa: Cena (Carmen) del Rosario Risco Intriago.
Hijos: María Auxiliadora (Mariuxi), Carmen Leonor (separada de Roberto Bonilla), Gabriela Esther (casada con Giovanni Jiménez), Bertha Daniela (casada con José Palma) y Walter Daniel (casado con Tatiana Mancero) Joza-Risco.
Nietos: Lady Laura (casada con Eloy Mendoza), Jesús Alberto y Jhon Jairo Bonilla-Joza.- José Eduardo Alarcón-Joza.- Tamara Denisse y Alexis Renato Palma-Joza.- Shirley Emily Ramos-Joza.- Giovanni Josué y Anthony Joel Jiménez-Joza.- Nayeska Pamela Joza-Mendoza y Sebastián Isaías Joza-Mancero.
Bisnieto: Liam Alexander Mendoza-Bonilla.

Al amanecer del domingo 4 de mayo, el día estaba despejado y cálido. Como de costumbre, la familia de Walter fue a escuchar la misa matinal en el templo La Merced, quedándose aquel con la sola compañía de la mascota casera, el perrito Milko. Al retornar de la iglesia, el primero de la familia en acercarse a la puerta de la casa fue el nieto José Eduardo Alarcón Joza, que al encontrar las puertas aseguradas por dentro tuvo que buscar la ventana próxima, felizmente solo protegida con las rejas metálicas, por donde estiró un brazo para alcanzar los picaportes. Al abrirse esta puerta, fue un niño de 9 años -sobrino del maestro- quien se adelantó a entrar y ver, antes que nadie, la escena dolorosa: Walter pendía colgado de una cuerda atada a su cuello y sostenida de una viga de acero que soporta al piso superior. A un lado, la escalera que sirvió para este acto triste; y, abajo del cuerpo inerte, Milko contemplando compungido la penosa agonía de su amo.

Las familias Joza-Farfán y Risco-Intriago acudieron presurosas al enterarse de la infausta noticia, y con solidaridad admirable contribuyeron a fortalecer el ánimo de la esposa, los hijos, los nietos y el bisnieto de Walter Francisco. Todos, de una u otra forma, sumaron voluntad y recursos para organizar el funeral y el sepelio. Al mismo tiempo, familiares emigrados y amigos entrañables del difunto, llamaron desde varios países para dar sus condolencias. Los vecinos y fraternos estuvieron presentes en ambos actos. Un amigo de juventud, el doctor Carlos Barcia -periodista y presentador de noticiarios en Televisión Manabita- pronunció una sentida necrología antes de que el féretro con el cuerpo de Walter fuera depositado en la tumba.

FOTO DE CABECERA: El maestro pintor Walter Joza Farfán posa junto a un letrero mural de su autoría (Todas las fotos son cortesía de la familia Joza-Risco).
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