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Obrero cañicultor, por Pedro Pablo Jijón.

De seguir con las medidas sugeridas por el FMI, de no reaccionar rápidamente ante el estado actual del sector agroproductivo, en no más de quince (15) años se acabará la agricultura en nuestros países.

Por Pedro Pablo Jijón Ochoa* / Guayaquil / 14-11-19

Las medidas económicas de corte neoliberal que se vienen implantando en los países de la región en estos dos últimos años, con el acompañamiento del Fondo Monetario Internacional (FMI), para algunos es realizar salvataje de aparentes brechas fiscales y para otros es parte de la táctica para crear una crisis inducida a fin de beneficiar a holdings nacionales, internacionales y/o mixtos. Lo cierto es que en la historiografía moderna de Hispanoamérica, las experiencias con el FMI han sido nefastas para la mayoría de la población, y de beneficio para un minúsculo grupo que la investigación indica que son parte de estos holdings.

Por mi trabajo profesional y gremial, tengo la grata oportunidad de recorrer el país y entablar gran amistad con personas de todo nivel socioeconómico, político, laboral y gremial. Considero esto una oportunidad para conocer desde dentro el sentir y la realidad social de los sectores productivos.    

Cabe analizar a la fecha de hoy al sector agroproductivo. La edad promedio en el agro es de setenta años, con casi nulo relevo generacional. Los rendimientos de cultivos agrícolas, bajos con relación a países vecinos. Las unidades de producción agropecuarias (UPA) cada vez más reducidas (en promedio 2,8 hectáreas). Los créditos bancarios para producción, con altos intereses. La comercialización de estos productos, en manos de la letal intermediación. Casi nula participación de productores en los mercados nacionales e internacionales. Difícil acceso a créditos para proyectos de emprendimiento de agregación de valor. Cada vez menos acceso a sistemas de salud y educación, por recortes en presupuestos estatales.

Autoría: Pedro Pablo Jijón.

Todo parece ir encaminándose a la pérdida de la capacidad productiva y de la seguridad alimentaria. De seguir con las medidas sugeridas por el FMI, de no reaccionar rápidamente ante el estado actual del sector agroproductivo, en no más de quince (15) años se acabará la agricultura en nuestros países, así como en el Ecuador las UPA serán vendidas a holdings que las comprarán a bajos precios, como inversión o para sembrar productos exportables de moda. Habrá concentración de grandes extensiones de tierras en propiedad de estos grupos. Los actuales propietarios campesinos autodesplazados, irán a las ciudades en busca de trabajo y a reforzar cinturones de miseria. Los alimentos para los consumidores citadinos estarán bajo el total control de mercado de los holdings. Es decir, el Ecuador estará en manos de grupos empresariales con una cartera de clientes de 16 millones (16M) de consumidores.

La región, así como el Ecuador, necesita de gobiernos creativos de corte socio-empresarial; es decir, con enfoque social y acciones ejecutivas empresariales. Que se invierta en desarrollo de la agroindustria asociativa, se motive a los productores a participación y acceso a mercados nacionales e internacionales, se apoye la agregación de valor, se fomente eficazmente a los emprendedores. Con gobiernos de este tipo habrá oportunidades para todos los sectores de la sociedad.

* Ingeniero comercial y director ejecutivo de ASESORAP (Asesoría a Organizaciones Agrícolas Productivas): asesorapecuador@gmail.com.