Por Pedro Pablo Jijón Ochoa*

Recostado en la hamaca, con los pies sobre el piso de caña, solo escucho el crujir de la argolla al friccionar con el gancho donde pende el asiento que ocupo para reposar. Siento fuerte el calor que anuncia invierno. Me sorprende la brisa envolviendo mi cara y el olor a tierra húmeda. La tierra hambrienta de semilla y sedienta de lluvia; es tiempo de sembrar.