Pescadores de Manta mueren más por negligencia que por coronavirus

“El encierro en los barcos no les conviene a los pescadores, ni es verdad que le conviene a la ciudadanía, ni mucho menos a sus familiares. Lo procedente es que se les dé un trato humanitario digno y evitar que mueran por desidia.”

David Ramírez*

Desde hace más de tres semanas se denunciaron casos esporádicos de COVID-19 entre los tripulantes de los barcos atuneros de Manta, pero, al momento, el contagio es comunitario en la flota. Al menos 12 barcos han sido puestos en cuarentena en la rada de Manta y, en los últimos días, varios pescadores han muerto en los propios barcos, por falta de atención. Otros nunca alcanzaron a llegar a puerto y sucumbieron al virus mientras estaban en faenas de pesca en altamar.

El índice de fallecidos entre los pescadores se incrementó este fin de semana. Los familiares de los tripulantes se están movilizando en busca de auxilio, porque temen que sus parientes, que están aislados en los barcos, mueran. Se conoce positivamente que, en algunos casos, solo parte de los tripulantes de los barcos presentaba síntomas, pero por las condiciones propias al interior de las embarcaciones, el distanciamiento recomendado para evitar el contagio es imposible y, en consecuencia, contraer el virus resultó inevitable.

Lo que llama poderosamente la atención es por qué, a los tripulantes a los que se diagnosticó con síntomas de la COVID-19, no se los trasladó a la Refinería del Pacífico y el Centro Geriátrico, los centros de aislamiento que fueron gestionados por el alcalde, abogado Agustín Intriago. Cuál es la diferencia, por ejemplo, al protocolo que se ha seguido con las personas que arribaron a Manta en vuelos humanitarios y fueron hospedados en hoteles donde han tenido acceso a todo tipo de asistencia sanitaria.

En el caso de los pescadores se evidencia un doble estándar. Es obvio que son víctimas de la pandemia que afecta a todos, sin embargo, el trato que reciben es diferente y raya en negligencia crasa, porque se los ha dejado a que mueran a su suerte.  Por otro lado, y lo más importante, es que el protocolo técnico de bioseguridad en los barcos falló y nadie apunta a que los responsables directos son los dueños de los barcos. Hay que buscar respuestas en el Ministerio de Salud Pública y en el propio Comité de Operaciones de Emergencia, sobre el cumplimiento por parte de los armadores o empresarios, de las normas para el acceso de los tripulantes a los barcos.

Las declaraciones a El Universo por parte del alcalde de Manta, Agustín Intriago, no pueden ser más patéticas: “Que hagan el aislamiento ahí mismo en el barco nos conviene a todos y más a ellos, porque muchos de estos barcos han salido de faena hasta antes de la emergencia y al retorno simplemente han estado en contacto con el mar”.

AGUSTÍN INTRIAGO, ALCALDE DE MANTA

El encierro en los barcos no les conviene a los pescadores, ni es verdad que le conviene a la ciudadanía, ni mucho menos a sus familiares. Lo procedente es que se les dé un trato humanitario digno y evitar que mueran por desidia.

Salga de la burbuja, señor alcalde. Son muchos los pescadores fallecidos y centenares con graves síntomas de contagio. Imponga su autoridad, libérese, su compromiso es con el pueblo, no con los empresarios atuneros a quienes nunca se les dispuso parar sus operaciones, al menos por dos semanas en las plantas donde hay contagio comunitario. Lo mismo ahora, se pretende dar luz verde para dejar morir en los barcos atuneros a los pescadores. Irónicamente y con mucha publicidad, se hizo conocer que el sector pesquero puso el recurso económico para habilitar el Centro Geriátrico, para aislar a pacientes con síntomas de la COVID-19; sin embargo, ningún tripulante contagiado ha sido trasladado allí para recibir atención.

Qué diferencia con lo ocurrido en el mercado de mariscos de Playita Mía, donde uno de los vendedores murió con el virus. ¿Qué hicieron los modestos comerciantes? Por cuenta propia decidieron suspender sus actividades por dos semanas e impulsaron una limpieza profunda del área. El resultado, fue una lección colosal de responsabilidad y compromiso con la salud del pueblo: los comerciantes de Playita Mía no laboraron dos semanas, perdieron sus ingresos, pero prefirieron garantizar su salud y la vida de la ciudadanía.

Este simple ejercicio de sentido común, solidaridad y sobre todo de responsabilidad social, no ha sido observado por el sector pesquero industrial, que ha priorizado sus intereses económicos antes que el bien común. El resultado son los focos de contagio comunitario y la estela de muerte en barrios de la clase trabajadora que labora precisamente en las plantas de procesamiento.

Hoy Manta tiene otro frente de contagio comunitario vinculado con el sector pesquero, donde nuevamente nadie asume su responsabilidad. El alcalde ha dicho: “Que hagan el aislamiento ahí mismo en el barco nos conviene a todos y más a ellos”.

Pregunto. ¿Tienen sentido las palabras del alcalde, que ha defendido que los pescadores hagan el aislamiento ahí mismo en el barco? ¿Dónde están los propietarios de los barcos? ¿Por qué no se les exige velar por la salud de sus trabajadores?

De los barcos en cuarentena en la rada de Manta están, entre otros: ‘Don Bartolo’, ‘Ignacio Mar’, ‘Ariete’, ‘Lucía T’, ‘Aldo’, ‘Gino’ y ‘Joselito’; los cuatro últimos, propiedad de la corporación De Genna-Fernández (DEGFER) y el Andrea, fondeado en el muelle de los hermanos Paladines, en Jaramijó.

Estimo que ATUNEC y CEIPA, las entidades que agrupan a los propietarios de la flota atunera y a los de las plantas procesadoras, respectivamente, le deben alguna respuesta a Manta y al país.

* David Ramírez es periodista de Manabí, Ecuador, radicado actualmente en Estados Unidos donde es editor en El Diario de Nueva York. Para fundamentar este comentario se ha valido de información publicada en medios electrónicos manabitas y de otras ciudades ecuatorianas, pero sobre todo de los reportes fidedignos de sus colegas y amigos residentes en la ciudad de Manta. FOTO: Embarcaciones pesqueras ancladas en la dársena del puerto de Manta (Enviada por el autor del comentario).