El mapa industrial en Ecuador está segmentado en dos provincias: una es Guayas, donde se ubican tres grandes industrias: dos en Posorja y una en Guayaquil; la otra es Manabí, con 16 industrias ubicadas en Manta, Montecristi y Jaramijó.

María F. Pincay C.

Por María Fernanda Pincay Cantos *

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, 2020) indica que más de 80 estados se dedican a la pesca de atún y miles de buques operan en todos los océanos, desarrollando la capacidad de pesca del producto debido al gran crecimiento de su demanda. La industria atunera se ha convertido en un punto clave para los mercados consumidores, que han tenido un crecimiento sostenido durante los últimos años.

Más allá de la generación de empleo y el crecimiento económico relacionado con las industrias de conservas de pescado y harinas, este sector produce grandes cantidades de desechos que necesitan tratamiento.

Las aguas residuales se caracterizan principalmente por flujos abundantes con altas cargas orgánicas, además de altas concentraciones salinas, siendo difícil gestionar los efluentes de las conservas de pescado ya que son estacionales y con una alta fluctuación de materia orgánica, generando un incremento de microorganismos.

El mapa industrial en Ecuador está segmentado en dos provincias: una es Guayas, donde se ubican tres grandes industrias: dos en Posorja y una en Guayaquil; la otra es Manabí, con 16 industrias ubicadas en Manta, Montecristi y Jaramijó.

En Manta se halla el primer puerto pesquero del Ecuador. Su estratégica ubicación en la zona costera desencadenó el asentamiento de numerosas industrias pesqueras a lo largo de los años, lo cual ha generado importantes problemas, particularmente de índole ambiental ya que la mayoría de estas empresas no cuenta con sistemas propios de tratamiento de  aguas residuales; otras están asentadas en lugares que aún no cuentan con sistema de alcantarillado industrial; y esto, unido a la falta de educación ambiental y falta de conciencia sobre los perjuicios de la contaminación, induce a que quienes generan dichas aguas servidas opten por descargarlas al sistema de alcantarillado doméstico, a las quebradas y ríos más cercanos a sus instalaciones; o al mar y al suelo a través de conexiones directas, sin atender la  normativa ambiental vigente.

Descarga disimulada de agua con fuerte contaminación microbiológica. / FOTO: M. F. P. C. / ESPAM-MFL / Calceta

Se estima que las plantas procesadoras de pescado en Manabí generan aproximadamente 13.627,4 m3/d de aguas residuales, con propiedades tóxicas para las especies biológicas que habitan en los diferentes ecosistemas; existiendo también una contaminación del aire con malos olores, formando focos de insalubridad con la aparición de microorganismos (bacterias y hongos), insectos (moscas y mosquitos) que son vectores de enfermedades en zonas turísticas de la ciudad.

Los principales phyla de microorganismos identificados, son: Actinobacteria, Proteobacteria, Firmicutes, Fungi, pudiendo causar enfermedades como diarrea, el cólera, la disentería, la fiebre tifoidea y la poliomielitis, denominándolos microorganimos patógenos. Por ejemplo, la E. coli puede causar náuseas, vómitos, dolor abdominal y diarrea, con cuadros clínicos graves, como infecciones del tracto urinario.

El agua residual industrial es una de las principales fuentes de microorganismos patógenos que se transfieren a través del ambiente y que llegan a la población, particularmente en el agua contaminada que se usa para beber, en cultivos de vegetales, en la elaboración de comida, para lavar, o en diversos usos recreativos, poniendo en riesgo la salud de la población y la integridad de los ecosistemas.

* María Fernanda Pincay Cantos es magíster en biotecnología molecular, docente – investigadora para la carrera de Ingeniería Ambiental de la Escuela Superior Politécnica Agropecuaria de Manabí – Manuel Félix López (ESPAM-MFL). Ciudad de Calceta, Cantón Bolívar, provincia de Manabí, República del Ecuador.

100 años de Manta (1922 – 2022).