‘Solo el pueblo salva al pueblo’, de la incompetencia oficial ante el coronavirus

David Ramírez* / 29-03-2020

HOY, 29 DE MARZO, a un mes de que el Ecuador anunciara el primer caso de coronavirus, el panorama es de incertidumbre. El país ha entrado en la fase de transmisión comunitaria y al margen de los casi 2.000 casos y más de 50 muertos declarados oficialmente, se estima que las cifras reales de contagios, son ampliamente superiores.

Ha llegado la hora de apelar a la unidad y solidaridad, valores que debieran prevalecer siempre y no solo en circunstancias aciagas como la presente. La sociedad civil debe actuar, generar acciones propias inspiradas en el principio que ‘solo el pueblo salva al pueblo’, y no solo esperar del gobierno, nacional y local, que como hemos visto, no estuvieron preparados.

La respuesta de nuestros líderes no ha estado al nivel que corresponde a una emergencia de esta magnitud. Muchos llamaron a no dejarse llevar del miedo, permitiendo inclusive eventos multitudinarios, como fueron los partidos de Copa Libertadores del 4 de marzo, cuando ya en el país había despegado el contagio explosivo y se contaban 10 casos a esa fecha.

Cuando a través de mis denuncias anticipaba sobre lo que vendría con la pandemia de coronavirus, más de uno me acusó de tener una “visión trágica”. Italia y España están pagando un alto precio por no prohibir los eventos masivos e imponer restricciones de movilidad para cortar la cadena de contagio del virus. El mismo patrón de contagio se replicó en Ecuador: en Guayaquil, Quito y Manta, ciudades en las que, precisamente, se celebraron partidos y no se tomaron medidas inmediatas de prevención.

Cuando reaccionaron, la crisis había sobrepasado la ínfima capacidad de respuesta, las medidas fueron tardías e insuficientes. Guayaquil es ahora el epicentro de la pandemia en Ecuador; y, Manta, la ciudad con más casos de contagio en Manabí y donde, además, el sector industrial, en particular el empacador pesquero, se ha negado a cerrar sus plantas con el consiguiente riesgo para miles de trabajadores.

Quizá no sea el momento, pero es necesario ratificarlo hoy con énfasis, que advertí que la imprudencia traería resultados. Establecí que las autoridades nacionales y locales que minimizaron el peligro y que bajo la premisa de que la “vida es un carnaval”, privilegiaron el show mediático, los conciertos y el fútbol en lugar de la salud pública, tendrán que asumir la responsabilidad moral y política del alto costo de la pandemia.

Si sobrevivimos a esta prueba, considerada la crisis más dura de nuestra generación, el siguiente paso será reclamar que no haya impunidad. Ninguna autoridad tiene patente de corso para actuar con irresponsabilidad manifiesta en desmedro del bienestar general.

Ahora, los magros resultados no solo se advierten en Ecuador. Países desarrollados, con sistemas de salud en proporción a ese estatus, como Estados Unidos, tampoco están dando una respuesta eficiente a la crisis. Cometieron el mismo error de no observar la experiencia de aquellos países que fueron oportunos en tomar medidas agresivas y supieron medir con más consciencia la letalidad del coronavirus, COVID-19.

* Periodista ecuatoriano residente en Estados Unidos, donde es editor en El Diario de Nueva York. FOTO remitida por el autor de la opinión.