David Ramírez* / Nueva York / 29-05-2020

Como hoy, hace cinco años, Ricardo de la Fuente cerró su ciclo entre nosotros para elevarse al infinito. Extraño su sabiduría y agudeza para interpretar los acontecimientos cotidianos. Escribir y narrar fue, quizá, su mayor fortaleza en el escenario público; pero, quienes tuvimos la suerte de disfrutar de su amistad, sabemos que fue mucho más que eso: un hombre que vivió intensamente cada día como el último, que viajó tanto y se nutrió, a cada paso, de conocimientos que luego compartía con total desprendimiento, con quien fuera.

Así era Ricardo, un comunicador de raza pura, ávido y acucioso narrador a quien hecho de menos cada vez que regreso a Manta; pero, debo confesar, mucho más en estos tiempos de incertidumbre. No sé si es justo decir que Ricardo se perdió vivir esta experiencia del coronavirus; de lo que sí estoy seguro es que la habría escrito, como solo él lo sabía hacer: magistral y profundo.