David Ramírez* / Nueva York / 28-10-2021

El pasado 5 de julio la Administración del presidente Guillermo Lasso se comprometió a que, en seis meses como máximo, se firmaría la concesión de la terminal aeroportuaria de Manta a la estatal Korea Airports Corporation (KAC), una vez que se subsanaran las inconsistencias que llevaron a que se declarara desierto el proceso de delegación.

No hace falta ser expertos sino buenos entendedores para colegir que se ha diluido el tiempo de manera escandalosa. El proceso no solo se estancó, sino que retrocedió o, lo que es peor, estamos en cero. El ministro de Transporte y Obras Públicas, Marcelo Cabrera, a nombre del Gobierno fue quien empeñó su palabra para concretar la concesión, pero resulta que es este mismo secretario de Estado quien abiertamente fue alineando su discurso con el de los sectores que se opusieron a que la concesión se haga con la KAC, bajo el argumento de que no convenía a los mejores intereses de Manta y que se estaban dejando de lado “mejores ofertas”.

En este ínterin, Cabrera barajó otras opciones, desvirtuando el espíritu inicial que era enmendar con la KAC y darle celeridad al proceso. En resumidas cuentas, puso sobre el tapete que la Dirección General de Aviación Civil (DGAC) mantenga el control del terminal aeroportuario de Manta; llamar a nueva licitación de operadoras aeroportuarias internacionales o entregar la competencia del proceso de delegación al GAD-Manta, como en efecto ya es oficial.

Si así hubiese sido, en el primer caso la DGAC no tiene los mejores antecedentes como para que los manabitas confiemos en que dará las facilidades para que el aeropuerto de Manta se desarrolle. El actual estatus de estancamiento del proceso obedece a la visión centralista de este organismo que ha entrabado históricamente el avance de Manabí. En el segundo, llamar a nueva licitación aun cuando aquellos sectores que hacen lobby por esa propuesta nunca probaron que existan otras ofertas en firme: ¿Dónde están? En el supuesto de que sean reales, lo primero que deben adjuntar las empresas interesadas es la respectiva garantía de seriedad de oferta; ahora, si por obra y gracia se presentara una, un nuevo proceso de licitación tomaría como mínimo dos años.

En cuanto a que el GAD-Manta tome las riendas, el panorama es aún más incierto, huele mal desde su concepción porque de entrada no cuenta con la capacidad técnica, económica y la experticia, amén de que al interior del Concejo no hay un debate abierto, ni mucho menos democrático sobre este tópico que es crucial para el despegue económico de la ciudad. El ciudadano alcalde ha adquirido fama de que, si hoy establece algo, mañana lo desmiente sin reparo, prevalido de su retórica e impone su voluntad a la mayoría dócil de concejales. Punto.

La decisión de entregar la competencia del proceso de delegación de las operaciones aeroportuarias al GAD será anunciada como un gran logro en la sesión conmemorativa de los 99 años de cantonización de Manta, pero advierto que el compromiso no debe ser un cheque en blanco para que el alcalde se escriba y se responda a sí mismo. En este punto, respaldo al llamado del colega periodista Joselías Sánchez, en el sentido de que es hora de que intervenga la sociedad civil para que sea mediante la fórmula de un cabildo ampliado que se establezca la hoja de ruta para el fiel cumplimiento de la concesión y frene el manoseo político del proceso.

Hay muchas interrogantes: ¿Qué tiempo más va a demorar asumir esa competencia? ¿Qué modalidad de delegación se utilizará? ¿La KAC estaría de acuerdo? ¿El GAD-Manta finalmente defenderá los intereses de los propietarios de los terrenos donde está asentado el aeropuerto? ¿Qué dicen los veedores del proceso?

Es pertinente recordar que los representantes de la KAC enfatizaron en más de una oportunidad que el proceso tenía que darse en el marco de los acuerdos binacionales de cooperación entre los estados de Ecuador y Corea, desestimando cualquier injerencia del GAD-Manta. Y es que los coreanos conocen el escenario y prefieren curarse en salud, están claros sobre el grado de corrupción con el que los municipios operan.

* David Ramírez es periodista manabita radicado en Estados Unidos de Norteamérica.