Lissette Alarcón Mieles ha padecido estoicamente, durante 3 años, el invasivo tratamiento médico que hoy le permite sentirse libre de un cáncer que amenazó su joven vida. Sin embargo, los doctores tratantes consideran que aún falta realizarle un trasplante medular para quedar totalmente seguros de la sanación, y este es el motivo por el que se sigue apelando a la generosidad humanitaria del público.